Pagar lo justo por el vino correcto

Para quienes somos amantes de una buena copa de vino, no existe nada más agotador que el momento en que nos quedamos pegados en el pasillo de un supermercado o frente a la repisa de una tienda repleta de un sinfín de vinos, y todo para decidir qué comprar…

Etiquetas llamativas, formas diferentes en las botellas, muchas viñas nuevas y desconocidas, otras tradicionales, que nos hacen sentir más seguridad en la elección. Pero las dudas se amplían: ¿Blanco, tinto, rosado? ¿Varietal, Reserva o Gran Reserva?¿Tiene madera o no?¿Es un precio justo?

Estas son solo algunas de las interrogantes a resolver cuando se escoge la botella adecuada. Varios factores que para bebedores y conocedores del vino no son menores; imaginable el agobio que esto representa para aquellos neófitos en el tema.

¿Qué aspectos evaluar al comprar un vino?

Lo primero que debemos tener claro es el motivo por el cual escogemos un vino. ¿Queremos bebernos la botella ya mismo? ¿el objetivo es guardarlo y beberlo en un par de años? Una vez resuelta la pregunta se debe entender que en Chile los vinos, de acuerdo a su edad o envejecimiento, se clasifican en:

Vinos Varietales: vinos con una variedad predominante sobre el 75% de su composición y que son jóvenes o del año. Son embotellados con una madurez temprana para capturar la fruta típica y la fragancia de cada variedad. En Palabras simples es un vino para beberlo ya.

Vinos Reserva: vinos que tienen una graduación alcohólica de al menos 0,5 grados superior al mínimo legal (nota: el mínimo legal en Chile es 11,5), constituyendo un producto de características organolépticas (aromas y sabores) distintivas y propias. Puede o no tener guarda, y paso por madera.

Vinos Gran Reserva: vinos que tienen una graduación alcohólica de al menos 1 grado superior al mínimo legal, constituyendo un producto de características organolépticas distintivas y propias, y que tiene paso y guarda en madera. En palabras simples un vino que se puede guardar perfectamente entre 3 y 6 años, sin problemas.

En Chile, por lo general, se hace casi impensable pagar más de 5.000 en un supermercado para beber una botella de vino (estadísticamente hablando). Lo cierto es que beberse una botella de $2.300 puede saber tan sabroso y rico al paladar como una botella que cuesta $18.000 o $30.000.

En mi experiencia, cuando gastas un poco más, no solo pagas el sabor de lo que hay dentro, sino que además estás pagando la vida útil del vino en el tiempo. Un vino notoriamente más caro debiera mantener todas sus cualidades organolépticas intactas, así me lo beba en 2 días, como en un par de años. Pagas la capacidad de guarda y, además, el valor agregado, como por ejemplo que la madera que se utilizó efectivamente fue de roble francés nuevo o de primer uso; fruta obtenida mediante recolección manual; el suelo y el clima del viñedo, donde un terroir único le va a dar a esa botella características exclusivas.

En resumen, hay 3 factores que son determinantes para una compra exitosa:

1.- El valle. Es importante de saber que en Chile las variedades de uvas se comportan mejor en ciertos valles, esto de acuerdo a los requerimientos que la uva necesita. Conocer la informacion por valles, en Chile, mejora la elección al momento de comprar:

Los mejores exponentes del Carmenere los hallamos en Colchagua y Peumo.
Los mejores Cabernet Sauvignon en el Maipo.
Los mejores Cabernet franc en el Maule.
Los mejores Carignan en Loncomilla.
Los mejore vinos blancos en zonas costeras donde destacan por ejemplo Leyda y Casablanca.

2.- Tiempo que tendré el vino sin descorchar. Lo quiero beber ya o en un par de años, y de acuerdo a eso escojo: Varietal, Reserva o gran Reserva.

3.- Precio.

En definitiva, en gustos no hay nada escrito. Quieres comer ostras con cabernet sauvignon, pues ¡hazlo! Como se dice en Chile, el mejor vino es el que a uno le gusta. Ya sea Varietal, Reserva o Gran Reserva; lo cierto es que es casi seguro que pagando un poco más te estarás llevando a casa un vino de calidad superior y que puede durar más en el tiempo.

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Por Osvaldo Orellana, sommelier.