Lo hemos pasado mal.  En el trayecto del último año, la salud mental de los chilenos ha sufrido un fuerte impacto y así lo han demostrado las cifras.  La encuesta Termómetro Social evidenció en mayo-agosto de 2020 que el Covid-19 representaba una amenaza para la economía doméstica, en este escenario, La sexualidad en pandemia es una dimensión olvidada. Miedo permanente al contagio, saturación por la gran cantidad de información adversa y la incertidumbre ante un futuro incierto han provocado que esta epidemia no solo afecte nuestra salud física sino también la mental, poniendo en riesgo múltiples ámbitos de nuestra vida, entre ellos, la sexualidad.

Según la OMS, la salud sexual es una de las necesidades básicas del ser humano, puesto que se relaciona con el estado de bienestar físico, mental y social, por ende, hoy más que nunca es necesaria mirarla desde un enfoque positivo y respetuoso, que sirva como conexión con el otro, así como también el derecho a tener experiencias placenteras, en tiempos donde la mayoría de las actividades de distensión se encuentran coartadas por motivos sanitarios.

La pandemia, sin duda, ha repercutido en nuestra vida sexual, no sólo en cuanto a la afectividad sino también a las relaciones, pues la presión constante que vivimos por la situación sanitaria ha generado mayor irritabilidad y reactivos que, claramente, generan conflictos y sobrerreacciones que derivan en problemas con nuestros más cercanos, en especial con la pareja. 

Estos nuevos estímulos y presiones no nos afectan del mismo modo a todos, pues cada individuo es diferente. Sin embargo, existe una tendencia que demuestra que las mujeres, al verse enfrentadas a esta situación, presentan una mayor incidencia en materia de depresiones, trastornos de crisis de pánico y ansiedad con respecto al desarrollo y manejo de temas familiares complejos.  

Los factores externos generan en ambos sexos consecuencias sintomatológicas que pueden provocar disfunciones a nivel sexual y, en consecuencia, la falta de deseo. De acuerdo con la encuesta realizada por el Centro Miintimidad, de 523 mujeres de entre 18 y 59 años, el 63,9% declaró que su frecuencia de encuentros sexuales ha disminuido durante la pandemia, mientras que su deseo sexual bajó en 35,9%. mientras que el 71,7% de los 170 hombres entrevistados reconoció que su sexualidad se ha visto perjudicada. 

Ante la interrogante sobre ¿qué hacer para mejorar la vida sexual con mi pareja?, es esencial considerar la comunicación efectiva como una necesidad constante para el equilibrio de una relación, que hoy no sólo se enfrenta a problemas triviales sino que debe lidiar con la carga del confinamiento obligatorio, el riesgo, temor y mortalidad de una pandemia.

La comunicación se ve beneficiada por la exteriorización de los sentimientos que ha generado esta pandemia: ¿qué siente cada uno?, ¿cómo le ha afectado esta situación? Podemos iniciar esta interacción preguntándole a nuestra pareja ¿cómo estás realmente? y luego, es importante hacerse el tiempo y buscar espacios para estar juntos. Ser creativos y seductores es una gran alternativa, pues una cita en casa puede llegar a ser, también, muy entretenida. 

Para resguardar el interés mutuo, es necesario mantener el juego y tener una actitud positiva.  Además, es importante compartir las labores del hogar y propiciar que su pareja también tenga tiempo de privacidad, ya sea para hacer nada o para hablar con sus amigos por medio de videollamadas. Si bien somos seres sociables, cada uno necesita momentos de privacidad, que a causa del confinamiento se han perdido, en especial para aquellos que viven en lugares reducidos.

En esta línea, hay que considerar que, antes de esta crisis sanitaria, no estábamos acostumbrados convivir las 24 horas del día con nuestra pareja, hijos u otros integrantes de la familia. Situación que hoy genera una sensación de observancia permanente y falta de intimidad. En este contexto, la tolerancia y mantener una adecuada comunicación en base al respeto mutuo y confianza, facilitará la conservación de una relación saludable de pareja.

Por: Patricia Canales Viáncos, psicóloga de Nueva Clínica Cordillera