Cada 11 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. En el calendario puede parecer una fecha más, pero para quienes vivimos y trabajamos en el mundo científico, es una invitación directa a detenernos y mirar con honestidad el camino recorrido. No desde el simbolismo ni las frases hechas, sino desde una pregunta clave: ¿estamos construyendo una ciencia que realmente permita que todo el talento disponible se desarrolle y se proyecte en el tiempo?
En Chile, el interés de las mujeres por las carreras científicas ha crecido de manera sostenida. Cada vez vemos más niñas interesadas en la investigación, más jóvenes ingresando a carreras STEM y más mujeres formando parte de equipos de investigación. Sin embargo, cuando miramos los espacios de mayor reconocimiento y toma de decisiones, la foto cambia. Hoy, solo el 18% de los Premios Nacionales de Ciencias han sido otorgados a mujeres en áreas como Ciencias Sociales, Exactas y Naturales. En Ciencias Aplicadas y Tecnológicas, ninguna mujer lo ha recibido desde que este premio se creó en 1992. Son cifras que invitan a reflexionar más allá de la superficie.
Hablar de ciencia no es solo hablar de vocación o talento. También es hablar de trayectorias, de tiempos, de oportunidades que aparecen —o no— en momentos clave. Porque el problema no siempre está en la falta de capacidades, sino en el acceso desigual a condiciones que permitan desarrollarlas. Acceder a financiamiento, liderar proyectos, sostener líneas de investigación en el tiempo o compatibilizar períodos de alta exigencia académica con responsabilidades personales y familiares sigue siendo, para muchas mujeres, un camino más empinado.
En la Fundación Arturo López Pérez (FALP), la investigación científica ha avanzado de manera consistente en los últimos años. El crecimiento en producción científica, la consolidación de equipos y el fortalecimiento institucional son reflejo de un compromiso real con la ciencia de excelencia. Solo durante 2025 se publicaron 81 artículos científicos, resultado de un trabajo colaborativo y multidisciplinario. De ellos, 38 fueron liderados por mujeres. Es un dato positivo, que muestra avances concretos, pero que también nos invita a mirar con atención cómo se distribuyen las oportunidades a lo largo de las carreras científicas.
Más que hablar únicamente de brechas de liderazgo, estas cifras nos permiten poner el foco en algo previo y fundamental: el acceso a oportunidades. Oportunidades para iniciar proyectos, para equivocarse y aprender, para consolidar equipos, para proyectar una carrera científica a largo plazo sin que el desgaste o las exigencias externas terminen alejando a mujeres talentosas del sistema.
Como mujer y científica chilena, sé que el camino no es fácil, pero también sé que no es imposible. Muchas veces, cuando las oportunidades no están disponibles, hay que crearlas. Eso implica voluntad institucional, diálogo abierto y acuerdos que permitan avanzar. No se trata de bajar estándares ni de entregar ventajas artificiales, sino de asegurar que las capacidades existentes puedan desplegarse plenamente.
Desde el Centro de Investigación e Innovación en Cáncer de FALP (CIIC), esta reflexión es central. Investigar el cáncer exige continuidad, colaboración interdisciplinaria y una mirada de largo plazo. La ciencia, para cumplir su rol social, necesita entornos donde el talento pueda crecer, equivocarse, aprender y consolidarse. Crear esos espacios es una responsabilidad compartida entre instituciones, equipos de trabajo y políticas públicas.
Reconocer que hemos avanzado es importante. También lo es admitir que persisten desafíos estructurales que requieren atención y acción sostenida. Días como el 11F cumplen un rol clave precisamente por eso: visibilizan avances, abren conversaciones necesarias y refuerzan el compromiso con una ciencia más diversa, sólida y preparada para responder a los desafíos del país.
Fortalecer la ciencia que estamos construyendo no pasa solo por producir más conocimiento o publicar más artículos. Pasa también por ampliar las oportunidades para quienes hacen posible ese conocimiento. Invertir en niñas y mujeres en ciencia no es únicamente una cuestión de equidad; es una decisión estratégica para el desarrollo científico, social y económico de Chile. Porque cuando más talentos pueden aportar, la ciencia avanza mejor, más lejos y con mayor impacto.
Por PhD Evelyn Silva-Moreno, Gerente del CIIC-FALP



