Basta con abrir Instagram o TikTok para encontrarse con una nueva promesa nutricional: una bebida milagrosa, un ayuno extremo o un alimento que hoy es “indispensable” y mañana pasa a la lista negra. En medio de este bombardeo constante de consejos, muchas mujeres en Santiago —entre trabajo, familia, vida social y autocuidado— intentan comer mejor, pero terminan más confundidas que antes. La pregunta es inevitable: ¿realmente estamos mejorando nuestra alimentación o solo siguiendo la moda del momento?
La nutrición, que debería ser una herramienta para el bienestar, se ha transformado en un terreno lleno de contradicciones. Lo que ayer era saludable, hoy se cuestiona. Lo que una influencer recomienda con convicción, otro experto lo desmiente. Y en ese vaivén, muchas decisiones se toman desde la urgencia y no desde la evidencia científica.
“La alimentación está rodeada de mitos que se transmiten como verdades absolutas. El problema es que muchas de estas creencias no solo son ineficaces, sino que pueden ser perjudiciales para la salud”, explica Chris Pefaur, nutricionista del laboratorio Nutrapharm. Una afirmación que cobra especial relevancia en un país donde las tasas de obesidad, resistencia a la insulina y enfermedades metabólicas siguen en aumento.
Mitos que se repiten y no se cuestionan
Entre los mitos más extendidos están ideas como que beber agua con limón en ayunas “quema grasa”, que comer carbohidratos en la noche engorda automáticamente o que las dietas detox limpian el organismo. La evidencia científica es clara: la grasa corporal no se elimina por la orina, el aumento de peso depende del balance calórico total y el cuerpo humano ya cuenta con órganos —como el hígado y los riñones— que cumplen naturalmente la función de desintoxicación.
Aun así, estos mensajes siguen circulando porque prometen resultados rápidos y fáciles. En una ciudad como Santiago, donde el ritmo es acelerado y el tiempo escaso, la tentación de soluciones express es comprensible. El problema es que, en el largo plazo, estas prácticas suelen generar frustración, efecto rebote y una relación poco saludable con la comida.
Dietas de moda: ¿solución o problema?
A esto se suma el auge de las dietas de moda: cetogénica, ayuno intermitente, paleolítica, detox o planes con restricciones extremas. Si bien algunas pueden tener aplicaciones clínicas específicas, muchas veces se presentan como soluciones universales, ignorando factores clave como la historia clínica, el contexto hormonal, la edad o el nivel de actividad física.
“Seguir una dieta de moda es aplicar una solución general a realidades completamente distintas. Lo que le funcionó a alguien no necesariamente te va a servir a ti”, advierte Pefaur. “El metabolismo, las hormonas y las necesidades nutricionales cambian según la etapa de la vida y los objetivos personales. La alimentación debe ser siempre personalizada y guiada por profesionales”.
El déficit silencioso de fibra en Chile
Más allá de las modas, hay un problema real y poco visible en la alimentación de los chilenos: el bajo consumo de fibra dietética. Un estudio de la Universidad San Sebastián reveló que la ingesta promedio en Chile es de apenas 12,8 gramos diarios, cifra que prácticamente no ha variado en más de diez años. Esto contrasta con la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, que sugiere al menos 25 gramos diarios, y con países como Reino Unido, donde la recomendación llega a 30 gramos.
En términos simples, estamos consumiendo casi un 50% menos de fibra de lo recomendado. Y eso tiene consecuencias. La fibra cumple un rol clave en la regulación del tránsito intestinal, la saciedad, el control de la glucosa e insulina postprandial y la prevención de enfermedades como diabetes tipo 2, obesidad, patologías cardiovasculares e incluso algunos tipos de cáncer.
¿Suplementos como apoyo?
Idealmente, la fibra debería provenir de alimentos como frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. Sin embargo, cuando no se logra cubrir el requerimiento diario solo con la dieta, los suplementos funcionales pueden ser un apoyo.
“Enfibra® es una fibra dietética de un solo ingrediente, de origen vegetal, que al consumirse junto a las comidas principales puede generar saciedad hasta por cuatro horas”, explica Pefaur. “Esta fibra no se digiere en el intestino delgado, sino que llega intacta al colon, donde es metabolizada por la microbiota intestinal, liberando ácidos grasos de cadena corta que tienen múltiples beneficios para el organismo”.
Volver a lo esencial
Más allá de tendencias, hashtags o promesas virales, los expertos coinciden en que no existen alimentos “buenos” o “malos” por sí solos. Lo que realmente importa es el patrón de alimentación: que sea equilibrado, variado y sostenible en el tiempo.
Cambiar hábitos no debería significar castigo ni culpa, sino información, conciencia y coherencia con la propia realidad. Especialmente para las mujeres, que suelen cargar con mayores exigencias estéticas y de autocontrol alimentario, volver a una relación más amable con la comida es parte del bienestar integral.
“Una alimentación saludable no debería ser una fuente de frustración, sino una aliada para el bienestar físico y emocional”, concluye Pefaur. “Cuando dejamos de seguir modas y empezamos a entender lo que nuestro cuerpo realmente necesita, la nutrición se transforma en una herramienta poderosa para vivir mejor”.



