HomeTENDENCIASSALUDMás allá del ...

Más allá del peso

El estigma asociado a la obesidad puede tener un fuerte impacto en la salud mental. Expertos llaman a cambiar la forma en que hablamos de esta enfermedad para avanzar hacia una atención más respetuosa y sin culpa.

Hablar de obesidad suele llevar la conversación hacia la alimentación, el ejercicio o el peso corporal. Pero hay otra dimensión que muchas veces queda fuera: el impacto emocional de vivir en una sociedad que constantemente juzga el cuerpo.

La discriminación por peso puede aparecer en distintos espacios: desde comentarios familiares y redes sociales hasta situaciones laborales, educacionales e incluso consultas médicas. Y sus consecuencias no necesariamente quedan en una frase incómoda o un momento desagradable. Pueden afectar la autoestima, las relaciones sociales y la salud mental.

Según los antecedentes entregados por el nutricionista clínico español Marc Caballero Bartolí, un estudio realizado por el Centro de Excelencia de Humber y Yorkshire del Norte reportó que un 78% de los pacientes consultados manifestó problemas de estrés postraumático derivados de experiencias estigmatizantes.

En Chile, el tema adquiere especial relevancia. De acuerdo con los datos citados del Atlas Mundial de Obesidad, el 83% de las personas mayores de 18 años vive con sobrepeso u obesidad.

Pero detrás de las cifras hay personas y experiencias que muchas veces permanecen invisibles.

El peso de los prejuicios

Uno de los principales problemas es que todavía existe la idea de que la obesidad es simplemente consecuencia de comer demasiado o de no tener suficiente fuerza de voluntad.

Ese enfoque no solo simplifica una enfermedad compleja. También puede terminar responsabilizando a quien la vive.

La evidencia científica apunta a una realidad bastante más amplia. En el desarrollo de la obesidad intervienen factores genéticos, epigenéticos, metabólicos, ambientales y sociales, entre otros.

La regulación del apetito y la saciedad, por ejemplo, involucra mecanismos biológicos complejos y estructuras del sistema nervioso central, por lo que reducir todo el proceso a una decisión consciente de cada persona resulta insuficiente.

De ahí que expresiones como “solo tienes que comer menos” o “te falta disciplina” puedan ser mucho más dañinas de lo que parecen.

Cuando el prejuicio también entra a la consulta

El estigma no se limita a las conversaciones cotidianas. Un consenso internacional publicado en Nature Medicine en 2020 llamó precisamente a terminar con la estigmatización de la obesidad y puso sobre la mesa un problema especialmente delicado: las personas pueden experimentar discriminación incluso dentro de los sistemas de salud.

¿Por qué ocurre? Una de las razones es la persistencia de la idea de que el peso corporal depende principalmente de la autodisciplina. Cuando ese prejuicio se instala, existe el riesgo de que síntomas o problemas de salud sean atribuidos automáticamente al peso, retrasando otras evaluaciones necesarias.

Para quienes viven esta experiencia, acudir a un profesional puede convertirse incluso en una situación de ansiedad o vergüenza. Y eso es especialmente preocupante porque sentirse juzgada puede hacer que una persona postergue la búsqueda de ayuda.

No es solo una cuestión de kilos

La salud mental también forma parte del tratamiento. La exposición repetida a comentarios negativos, burlas, rechazo o discriminación puede favorecer aislamiento social, baja autoestima, ansiedad y depresión.

En el caso de las mujeres, además, la presión sobre el cuerpo tiene una dimensión cultural particularmente fuerte. Basta mirar redes sociales, publicidad o conversaciones cotidianas para entender cuánto se ha normalizado opinar sobre el cuerpo ajeno.

“¿Has bajado de peso?”
“Te ves más gordita”.
“Deberías cuidarte”.
“Con un poco de ejercicio estarías mejor”.

Aunque muchas veces estas frases se dicen como consejos, no necesariamente son recibidas de esa manera. El problema es que el cuerpo de otra persona no debería ser una conversación pública.

También importa cómo hablamos

Cambiar el lenguaje puede parecer un detalle, pero es parte importante de combatir el estigma.

La recomendación de organizaciones como la Federación Mundial de la Obesidad es utilizar un lenguaje centrado en la persona. Por eso, en lugar de definir a alguien por su diagnóstico, se propone hablar de “persona con obesidad” o “persona que vive con obesidad”.

La diferencia puede parecer pequeña, pero el mensaje cambia completamente. La persona está antes que la enfermedad.

También se recomienda reemplazar términos como “obesidad mórbida” por “obesidad grave” y evitar expresiones como “fracaso del tratamiento”, optando por conceptos como “falta de respuesta al tratamiento”.

No se trata de cambiar las palabras por corrección política. Se trata de entender que el lenguaje también puede contribuir a generar culpa o, por el contrario, facilitar que alguien busque ayuda.

Menos culpa, más salud

El desafío es dejar atrás la mirada que reduce la obesidad a una cuestión estética o moral. La conversación debería centrarse en salud, bienestar y acceso a tratamientos adecuados, considerando tanto los aspectos físicos como emocionales.

Y también en algo bastante básico: nadie debería sentir vergüenza por pedir ayuda.

Para avanzar, el entorno familiar, los medios de comunicación, las redes sociales y, especialmente, los profesionales de la salud tienen un papel importante. Evitar juicios, escuchar antes de asumir y hablar desde la evidencia puede marcar una diferencia.

Porque detrás de un diagnóstico hay una persona con una historia, una experiencia y muchas veces años de comentarios que no pidió escuchar.

La obesidad es una enfermedad compleja y su abordaje también debería serlo. Eso significa dejar de hablar únicamente de kilos y empezar a hablar de salud física, salud mental, tratamiento y calidad de vida.

Y quizás el primer paso sea tan sencillo como cambiar una palabra: no es “una persona obesa”; es una persona que vive con obesidad.

spot_img
spot_img
spot_img