El 75% de las mujeres en menopausia en Latinoamérica todavía teme a la terapia hormonal. En medio de una nueva conversación científica, especialistas de la región llaman a dejar atrás los mitos y avanzar hacia decisiones informadas y personalizadas.
Hablar de menopausia ya no debería reducirse a los sofocos. Tampoco a la idea de que es una etapa que simplemente hay que “aguantar”. El cambio hormonal que ocurre durante estos años puede afectar el sueño, el ánimo, la memoria, la vida sexual, los huesos, el sistema cardiovascular y, en muchos casos, también la vida laboral.
Sin embargo, todavía existe una enorme brecha entre lo que las mujeres viven y la información que reciben.
Ese fue uno de los temas centrales abordados durante el Congreso Mundial de la Sociedad Internacional de Menopausia (IMS), realizado en Río de Janeiro, donde Abbott reunió a especialistas de Chile, Colombia, México, Perú, Brasil y Centroamérica para analizar los desafíos que enfrenta Latinoamérica en materia de salud femenina.
Y hay un dato que llama especialmente la atención: el 75% de las mujeres en menopausia en Latinoamérica aún le teme a la terapia hormonal.
El desafío, plantean los especialistas, no es reemplazar un miedo por una recomendación generalizada, sino entregar información suficiente para que cada mujer pueda conversar con su médico y evaluar qué alternativas son apropiadas para ella.
Una etapa que puede durar años
En América Latina, la menopausia ocurre en promedio a los 48,6 años, según datos de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Obstetricia y Ginecología (FLASOG).
Es decir, para muchas mujeres, la menopausia llega cuando todavía están trabajando, criando hijos, emprendiendo, haciendo deporte, cuidando a sus padres o desarrollando proyectos personales. No es necesariamente una etapa de “retiro” de la vida activa.
De hecho, la transición menopáusica puede ocupar una parte importante de la vida de una mujer.
Y los síntomas son bastante más amplios de lo que solemos escuchar en conversaciones cotidianas. Se han descrito más de 40 síntomas asociados a la menopausia, entre ellos sofocos, sudoración nocturna, alteraciones del sueño, cambios de ánimo, dificultades de concentración y memoria, dolores articulares y síntomas urinarios y sexuales.
Los sofocos y sudores nocturnos, además, no siempre desaparecen rápidamente. Una revisión de estudios ha estimado que los síntomas vasomotores pueden prolongarse durante varios años.
Por eso, cuando una mujer de 45, 48 o 52 años comienza a dormir mal, sentirse diferente, experimentar cambios en su cuerpo o notar que su concentración ya no es la misma, no necesariamente se trata de “estrés” o de que simplemente está envejeciendo.
Puede haber una transición hormonal detrás.
El miedo a la terapia hormonal
Uno de los grandes obstáculos sigue siendo el temor a la terapia hormonal.
Durante años, la conversación quedó marcada por la interpretación de los resultados del Women’s Health Initiative (WHI), estudio publicado en 2002 que generó una enorme preocupación respecto de los posibles riesgos asociados a la terapia hormonal.
Con el paso del tiempo, nuevos análisis y una mayor comprensión de la evidencia han permitido complejizar esa discusión. Hoy, los especialistas plantean que no corresponde hablar de la terapia hormonal como una alternativa buena o mala para todas las mujeres por igual.
La edad, el momento en que se inicia la menopausia, los antecedentes personales, los factores de riesgo y las características individuales son elementos que deben considerarse antes de tomar una decisión.
En otras palabras: no se trata de tenerle miedo ni de tomarla porque sí.
Se trata de informarse.
El Dr. Álvaro Rojas, director médico regional de Abbott, plantea que ampliar la conversación sobre salud femenina implica reconocer las necesidades individuales de cada paciente y generar un diálogo abierto entre mujeres y profesionales de la salud.
Más que sofocos
La importancia de esta conversación también tiene que ver con los efectos que la menopausia puede tener más allá de los síntomas que se sienten día a día.
Un estudio realizado en 12 países de América Latina, con más de 2.000 mujeres, encontró una asociación entre una mayor severidad de los síntomas menopáusicos y una menor calidad de vida relacionada con el trabajo y satisfacción laboral.
Para una mujer que vive en Santiago y todavía está plenamente activa profesionalmente, esto puede resultar especialmente cercano. Dormir mal durante meses, tener episodios frecuentes de calor, sentirse más irritable o experimentar dificultades de concentración no son problemas menores cuando se combinan con reuniones, responsabilidades familiares, traslados y jornadas laborales extensas.
A eso se agregan cambios que pueden ocurrir a largo plazo. La disminución de estrógenos durante la menopausia está relacionada con modificaciones en la salud ósea y cardiometabólica, entre otros procesos.
Por eso, la conversación no debería comenzar solamente cuando los síntomas se vuelven insoportables.
Una consulta que también debería cambiar
Otro de los problemas identificados en Latinoamérica es que muchas mujeres no reciben una atención efectiva frente a sus síntomas. Según los datos presentados durante el encuentro, el 77% de las mujeres con síntomas no recibe una consulta efectiva.
La cifra muestra que todavía hay mucho por avanzar en capacitación, acceso y educación.
También hay un componente cultural. Durante décadas, hablar de menopausia fue casi un tema privado, asociado al envejecimiento y muchas veces cargado de prejuicios. Eso ha hecho que algunas mujeres lleguen a la consulta después de meses o años intentando resolver por su cuenta problemas de sueño, cambios emocionales, disminución del deseo sexual o molestias físicas.
La buena noticia es que esa conversación está cambiando.
Cada vez existe mayor interés científico por comprender la menopausia y sus efectos, pero también una necesidad evidente de que esa información llegue de manera clara a las mujeres.
Porque quizás uno de los cambios más importantes no sea decidir si una mujer debe o no utilizar terapia hormonal.
El cambio está en entender que esa conversación merece existir.
Que la menopausia no es una enfermedad, pero sí una etapa que puede requerir atención médica. Que los síntomas no deben minimizarse. Que la terapia hormonal puede ser una alternativa para algunas mujeres, pero no para todas. Y que la decisión debe tomarse de manera individual, con información y acompañamiento profesional.
Después de años de miedo y silencio, parece ser un buen momento para empezar a hablar de menopausia con menos prejuicios y bastante más ciencia.



