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Chilenas: tecnología sí, belleza irreal no

Algo cambió —y fuerte— en la forma en que las mujeres chilenas se relacionan con la belleza. Ya no se trata solo de verse bien, sino de entender lo que usamos, exigir resultados reales y cuestionar lo que no hace sentido. Así lo confirma un reciente estudio de Avon, que revela una paradoja tan actual como potente: mientras el 84% de las chilenas usa la tecnología para empoderarse, la gran mayoría rechaza los estándares de belleza inalcanzables que muchas veces esa misma tecnología ayuda a construir.

El informe, llamado “Hablemos de Tecnología”, realizado junto a la consultora Gentedemente, pone sobre la mesa una conversación que cada vez toma más fuerza, especialmente entre mujeres que viven en ciudades como Santiago, donde el ritmo es rápido, la información abunda y la exigencia personal también.

Más tecnología, más autonomía

Partamos por lo positivo: la relación entre mujeres y tecnología en Chile es cada vez más cercana y funcional. Según el estudio, el 84% de las chilenas cree que la tecnología las ayuda a ser más autónomas, mientras que un 73% considera que contribuye a reducir desigualdades de género.

En el mundo laboral, el impacto es aún más evidente. El 98% de las emprendedoras asegura que las herramientas digitales mejoran su productividad. Desde apps de organización hasta plataformas de venta online, la tecnología se ha convertido en una aliada clave para avanzar, crecer y tomar decisiones.

Y eso se nota especialmente en Santiago, donde muchas mujeres combinan trabajo, proyectos personales, familia y autocuidado en una rutina que exige soluciones prácticas y eficientes.

Pero los sesgos siguen ahí

Sin embargo, no todo es avance. El estudio también revela que en Chile persisten con fuerza ciertos sesgos culturales asociados a la tecnología. El 72% de las encuestadas percibe que los referentes tecnológicos son principalmente hombres, una cifra que incluso supera a otros países de la región.

A esto se suma que el 69% cree que cuando una mujer sabe mucho de tecnología es vista como “excepcional”, y casi la mitad (48%) afirma que desde niñas se incentiva más a los hombres en el uso digital.

Es decir, aunque las mujeres están usando la tecnología y sacándole provecho, el relato cultural aún no se actualiza al mismo ritmo.

“Hoy el desafío no es la capacidad de las mujeres, sino los imaginarios que seguimos reproduciendo”, explica Natalia Gálvez, desde Avon. Y esa frase resume bastante bien el momento actual.

Una consumidora más exigente (y más informada)

Donde el cambio se vuelve aún más evidente es en la relación entre tecnología y belleza. Porque si hay algo claro, es que la consumidora chilena ya no compra a ciegas.

El estudio muestra que el 58% está dispuesta a pagar más por productos que tengan respaldo tecnológico comprobado, y un 85% valora que la innovación permita crear soluciones específicas para distintos tipos de piel, edades o necesidades.

Esto habla de una mujer que investiga, compara, lee etiquetas y entiende que la belleza también puede (y debe) tener base científica.

Adiós a la belleza inalcanzable

Pero hay un límite claro. Y tiene que ver con la autenticidad.

El 79% de las chilenas rechaza los filtros y programas que generan estándares de belleza irreales. Es decir, no se trata de rechazar la tecnología, sino de cuestionar cómo se usa.

En otras palabras: sí a la ciencia, no a la distorsión.

Este cambio también se refleja en las fuentes de confianza. Hoy, casi 3 de cada 10 mujeres (29%) confían más en recomendaciones de inteligencia artificial que en influencers. Un dato que, hace algunos años, habría parecido impensado.

El desafío para la industria

Frente a este escenario, las marcas tienen un desafío importante: ser más transparentes, más reales y más coherentes.

En el caso de Avon, el estudio también funcionó como un espejo. Actualmente, solo el 18% del mercado chileno asocia la marca con innovación tecnológica, una cifra que la compañía busca cambiar.

¿Cómo? Apostando por visibilizar su trabajo científico y democratizar el acceso a la tecnología en belleza.

Entre sus avances destacan hitos como haber sido pioneros en la estabilización de la vitamina C en laboratorio y el desarrollo de tecnologías propias como Protinol, orientadas a estimular el colágeno.

Belleza con propósito

A esto se suma un elemento que cada vez pesa más en la decisión de compra: la ética.

Avon lleva más de 30 años sin testear en animales y cuenta con la certificación internacional Leaping Bunny, un estándar exigente que respalda su compromiso con una belleza más responsable.

Y eso también conecta con una consumidora que no solo quiere verse bien, sino sentirse bien con lo que elige.

Un cambio que llegó para quedarse

Lo que muestra este estudio es más que una tendencia: es un cambio de mentalidad. Las mujeres chilenas están usando la tecnología como herramienta de empoderamiento, pero al mismo tiempo están redefiniendo qué tipo de belleza quieren validar.

Una belleza más real, más informada y más consciente.

Porque al final, no se trata de elegir entre tecnología o autenticidad. Se trata de exigir ambas.

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