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Colchagua en primavera: el vino como protagonista

La primavera llegó, y con ella, ese irresistible impulso de escaparse del ruido de Santiago para respirar aire fresco, disfrutar del sol y, por qué no, brindar con una copa de vino en la mano. Porque si hay una época perfecta para disfrutar del Valle de Colchagua, es ahora. El paisaje se viste de verde, los viñedos florecen y el ambiente invita a reconectarse con lo esencial: la naturaleza, el buen vino y las experiencias que se viven sin apuro.

En los últimos años, el enoturismo se ha transformado en una de las tendencias más fuertes del turismo en Chile. Y no es casualidad. Colchagua, con su mezcla de tradición, historia y una energía cada vez más contemporánea, se ha posicionado como el destino soñado para quienes buscan algo más que una simple cata. Aquí, el vino se vive, se toca, se huele y se comparte.

A solo dos horas y media de Santiago, el valle ofrece una ruta ideal para una escapada de fin de semana o una aventura de día completo. Y esta temporada, hay una viña que está dando mucho que hablar: Viña Ravanal, un clásico que vuelve renovado y con más fuerza que nunca.

Viña Ravanal: tradición, resiliencia y una nueva forma de vivir el vino

Tras el incendio que afectó parte de sus instalaciones en 2024, Viña Ravanal renació literalmente de las cenizas. Hoy, con más de 60 años de historia, esta bodega familiar celebra su regreso con una propuesta fresca, pensada para nuevas generaciones de visitantes y amantes del vino que buscan algo auténtico y diferente.

“Cada primavera, las viñas se convierten en un punto de encuentro. No solo es una temporada linda para el turismo, sino que es un espacio donde el vino nos conecta con la cultura, el territorio y la gente”, comenta Carmen Paz Ravanal, Gerente de Marketing de la viña.

La nueva oferta turística de Ravanal incluye picnics gourmet entre viñedos, talleres creativos como “Pinta con vino”, experiencias inmersivas del tipo “Haz tu propio vino”, y catas sensoriales que se viven en espacios llenos de encanto, como el Wine Lounge o las terrazas con vistas al valle. Todo diseñado para quienes buscan más que una degustación: una experiencia emocional, con identidad y mucho estilo.

Enoturismo con alma: experiencias que van más allá de la copa

Si hay algo que define la nueva cara del turismo enológico chileno es su capacidad de reinventarse. Ya no se trata solo de recorrer viñedos o conocer procesos de producción; se trata de vivir el vino desde una perspectiva sensorial y humana.

En el Valle de Colchagua, esta tendencia se respira en cada rincón: desde pequeños productores con propuestas artesanales hasta grandes bodegas que apuestan por la innovación sostenible. Y Viña Ravanal es un ejemplo de cómo una tradición familiar puede adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.

Más del 80% de su producción se exporta a países como Brasil, Canadá, Asia y Europa, pero esta primavera la apuesta es local. La viña quiere volver a conquistar al público chileno, especialmente al santiaguino curioso, ese que busca experiencias que combinen paisaje, cultura y gastronomía.

Una visita guiada, una cata privada o un almuerzo maridado con los mejores vinos del valle se transforman en momentos para desconectarse del estrés urbano y reconectarse con los sentidos.

Por qué Colchagua es el destino perfecto para esta primavera

Si aún no lo tienes en tu lista de escapadas, Colchagua merece un lugar destacado. Aparte de su reputación vinícola, el valle ofrece una completa experiencia turística: museos, restaurantes con cocina local, cabalgatas, paseos en bicicleta entre viñedos y hoteles boutique que parecen sacados de una postal.

Y lo mejor es que queda lo suficientemente cerca de Santiago como para una escapada corta, pero lo suficientemente lejos como para sentir que estás en otro mundo. La carretera 5 Sur te lleva directo, y el viaje vale cada kilómetro: paisajes de campos, atardeceres dorados y ese aire campestre que relaja hasta el alma.

Vino, cultura y sostenibilidad: la nueva cara del turismo chileno

El enoturismo no solo impulsa la economía local, también es una forma de preservar la identidad cultural y promover un consumo más consciente y sostenible. Las viñas como Ravanal están apostando por procesos respetuosos con el medio ambiente, integrando arte, gastronomía y comunidad en cada experiencia.

Esta primavera, el Valle de Colchagua nos recuerda que el vino chileno no es solo una bebida: es parte de nuestro patrimonio, una forma de conectar con nuestra historia y, por supuesto, una excelente excusa para escaparse del ajetreo santiaguino y disfrutar.

¿Lista para planear tu próxima escapada?
Explora más sobre las experiencias en Viña Ravanal en www.ravanal.cl/turismo o en Instagram @vinaravanal.
Porque esta primavera, el vino se vive en Colchagua… y la copa se brinda con vista al valle.

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