El verano invita a moverse más: salir a trotar, entrenar al aire libre, retomar la bicicleta o aprovechar las tardes largas para hacer ejercicio. Pero cuando las temperaturas suben, el cuerpo no responde igual. Y aunque muchas veces se subestima, el calor puede transformar una rutina deportiva normal en un riesgo real para la salud cardiovascular.
“El calor extremo impone una carga adicional significativa al sistema cardiovascular, obligando al corazón a trabajar más intensamente para mantener la temperatura corporal y suministrar sangre a los músculos activos”, explica el doctor Rodrigo Águila, cardiólogo de Clínica INDISA. En términos simples, entrenar con altas temperaturas exige más al cuerpo, incluso cuando el esfuerzo parece el mismo.
Qué pasa en el cuerpo cuando entrenas con calor
Cuando hacemos ejercicio en ambientes calurosos, el organismo entra en una especie de “modo supervivencia”. El objetivo es mantener la temperatura interna estable, pero eso tiene un costo.
Redistribución del flujo sanguíneo
Durante el ejercicio, el cuerpo necesita enviar sangre a los músculos para que puedan moverse. Pero con calor, también debe enviar sangre a la piel para disipar temperatura a través del sudor. Este “conflicto de intereses” obliga al sistema cardiovascular a trabajar más intensamente para cubrir ambas demandas.
Aumento de la carga cardiovascular
En estas condiciones, la frecuencia cardíaca puede aumentar entre 10 y 20 latidos por minuto más que en un ambiente templado. Esto significa que el corazón late más rápido, pero bombea menos sangre en cada latido, lo que favorece el aumento de la temperatura corporal central.
Deshidratación acelerada
El sudor es el principal mecanismo para enfriar el cuerpo, pero también provoca una pérdida rápida de líquidos. Por cada 1% de peso corporal perdido por deshidratación, la frecuencia cardíaca puede aumentar entre 5 y 8 latidos por minuto, elevando el riesgo de coágulos y otros eventos cardiovasculares.
Menor rendimiento físico
La capacidad aeróbica disminuye, se alcanza la fatiga antes y el ejercicio se vuelve más pesado. En resumen: cuesta más, rinde menos y el cuerpo se estresa más.
¿Puede el calor provocar un infarto?
Aunque suene extremo, la respuesta es sí. El ejercicio en condiciones de calor intenso puede convertirse en un detonante peligroso.
“El calor excesivo, combinado con el esfuerzo físico, crea una verdadera ‘tormenta perfecta’ que puede desencadenar un infarto, incluso en personas sin antecedentes cardíacos”, advierte el doctor Águila.
Los síntomas no siempre son evidentes ni aparecen como uno espera. A veces no hay un dolor fuerte en el pecho, sino señales más sutiles que muchas mujeres tienden a minimizar.
Señales de alarma que no debes ignorar
Si durante el ejercicio con calor aparece alguno de estos síntomas, hay que detenerse de inmediato:
- Mareos o sensación de aturdimiento
- Náuseas o vómitos
- Dolor o presión en el pecho
- Fatiga inusual
- Confusión mental
- Calambres musculares intensos
“Si experimentas estos síntomas, debes parar, buscar sombra, hidratarte y acudir a un servicio de urgencia. Minutos pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte”, enfatiza el especialista.
Cómo entrenar de forma segura en verano
La buena noticia es que no hay que dejar de hacer ejercicio, sino adaptarlo al contexto. La prevención es clave, sobre todo en una ciudad como Santiago, donde las temperaturas estivales pueden ser especialmente altas.
Aclimatación progresiva
El cuerpo necesita tiempo para adaptarse al calor. El doctor Águila recomienda un proceso de 10 a 14 días, comenzando con sesiones más cortas y de menor intensidad, aumentando gradualmente el esfuerzo.
Hidratación constante
“La hidratación debe comenzar antes del ejercicio y mantenerse durante toda la actividad. No esperes a tener sed”, recalca el cardiólogo. Idealmente, beber agua de forma regular y complementar con electrolitos si el entrenamiento es prolongado.
Elegir bien el horario
Evita entrenar entre 10:00 y 18:00 horas, cuando el calor es más intenso. Prefiere las primeras horas de la mañana o el final de la tarde, y busca lugares con sombra o buena ventilación.
Ajustar el entrenamiento
El verano no es el momento para batir récords personales. Bajar la intensidad, acortar la duración y escuchar al cuerpo es una forma inteligente de cuidarse.
Escuchar el cuerpo también es autocuidado
Para muchas mujeres, entrenar es una forma de despejarse, sentirse fuertes y cuidar la salud mental. Pero el autocuidado también implica saber cuándo parar y adaptar las rutinas según las condiciones externas.
Ante un cuadro de deshidratación severa, golpe de calor o síntomas preocupantes durante el ejercicio, es fundamental buscar ayuda médica. Clínica INDISA cuenta con profesionales preparados para evaluar y tratar este tipo de situaciones de forma oportuna.
Moverse en verano es un placer, pero hacerlo con información y conciencia es la mejor manera de disfrutarlo sin riesgos.



