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¿Cuántos días son necesarios para realmente desconectarse y descansar?


Apagar el computador, activar el mensaje de “fuera de la oficina” y hacer la maleta ya no garantiza descanso. En un escenario marcado por la hiperconectividad, las notificaciones constantes y las exigencias laborales que muchas veces se cuelan en el tiempo libre, cada vez más personas se preguntan cuánto tiempo se necesita realmente para desconectarse y recuperar energía. Y la respuesta, según especialistas, va bastante más allá de un fin de semana largo

En Chile, donde el estrés laboral y el cansancio mental se han vuelto parte de la conversación cotidiana —especialmente entre mujeres que combinan trabajo, familia y vida personal—, el descanso dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad de salud. Sin embargo, no cualquier pausa cumple ese objetivo.

“La idea de que con tres días basta para descansar es un mito muy instalado”, explica la psiquiatra de Clínica INDISA, Nathali Ángel. “El verdadero descanso requiere un proceso neurobiológico completo que no ocurre en periodos cortos. Necesitamos al menos tres días solo para comenzar a desactivar nuestro sistema de alerta y reducir los niveles de cortisol en el organismo”, señala.

Ese primer periodo, conocido como fase de descompresión, es apenas el inicio. “Durante los primeros tres días, el cerebro sigue funcionando en modo laboral. Es recién al cuarto día cuando empezamos a experimentar una sensación genuina de relajación”, puntualiza la especialista. Por eso, muchas veces la sensación de cansancio aparece justo cuando las vacaciones están terminando.

La ciencia respalda esta percepción. El estudio The Impact of Vacation Length and Frequency on Enhancing Psychological Well-Being (2025) concluyó que las vacaciones de entre una y dos semanas son el periodo óptimo para lograr una reducción significativa del estrés y del agotamiento laboral, conocido como burnout. La investigación subraya que no solo importa la duración, sino también la regularidad con la que se toman estos descansos a lo largo del año.

Los resultados son claros: los descansos demasiado cortos no permiten una desconexión completa, mientras que los periodos de entre 7 y 14 días favorecen una recuperación más profunda y sostenida. Además, distribuir las vacaciones en distintos momentos del año tiene un impacto más positivo que concentrarlas en un solo descanso prolongado.

El tiempo óptimo para un descanso efectivo

El proceso de descanso no es inmediato ni lineal. Funciona como una curva progresiva. Durante los primeros 3 o 4 días, el organismo entra en lo que los especialistas llaman “fade-in”, una etapa de entrada gradual al bienestar. En este periodo, el cuerpo comienza a desactivar sus mecanismos de alerta y a disminuir la producción de hormonas asociadas al estrés, como el cortisol y la adrenalina.

“Es a partir del quinto día cuando empezamos a notar cambios reales en el sueño, la energía y el estado de ánimo”, explica la Dra. Ángel. “Entre los días 7 y 8 se alcanza el punto máximo de desconexión mental, lo que permite la regeneración de conexiones neuronales clave para la memoria, la concentración y la regulación emocional”.

Para quienes pueden extender sus vacaciones, los beneficios aumentan. “Los periodos de 14 días generan efectos más profundos y duraderos. En dos semanas, el sistema inmunológico se fortalece y los ritmos circadianos se normalizan por completo”, afirma la especialista. La diferencia es notable: mientras los efectos de un descanso corto desaparecen rápidamente, los beneficios de una pausa de dos semanas pueden mantenerse hasta un mes después del regreso a la rutina.

Eso sí, el retorno también importa. Aquí entra en juego el llamado “fade-out”, es decir, la rapidez con la que el efecto vacacional se pierde al volver al trabajo. “El cerebro necesita entre dos y tres días para desvincularse de los patrones de pensamiento laborales, dependiendo del nivel de estrés acumulado”, explica la psiquiatra.

Por lo mismo, recomienda no exprimir las vacaciones hasta el último minuto. “Dedicar los últimos uno o dos días a prepararse mentalmente para el regreso ayuda a evitar un impacto brusco y a que el equilibrio logrado no se pierda en la primera semana”, sugiere.

Un punto clave es entender que no todas las personas descansan al mismo ritmo. A algunas les cuesta más desconectarse, y eso también es normal. La recomendación es no sumar presión a las vacaciones con la idea de “tener que relajarse” rápidamente.

Recomendaciones prácticas para un mejor descanso

Para lograr un descanso real y sostenido, la especialista de Clínica INDISA entrega algunas recomendaciones simples, pero efectivas:

  • Descansos regulares: más que una gran pausa al año, es mejor planificar varios periodos de descanso.
  • Desconexión digital: limitar el uso del celular, correo electrónico y mensajería laboral es clave. Seguir conectada impide que el cerebro salga del modo trabajo.
  • Cambio de entorno: salir del espacio habitual, aunque sea dentro de Chile, acelera el proceso de desconexión mental.
  • Planificación estratégica: idealmente, programar al menos dos periodos de 7 a 10 días durante el año, complementados con descansos más cortos.

En tiempos donde el cansancio se ha vuelto crónico, repensar cómo y cuánto descansamos es parte del autocuidado. Porque desconectarse no es solo dejar de trabajar: es darle al cuerpo y a la mente el tiempo que realmente necesitan para recuperarse.

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