Cuando ocurren tragedias como los incendios forestales que golpearon con fuerza a las regiones del Biobío y Ñuble a fines de enero, solemos ver las imágenes más evidentes: casas quemadas, cerros ennegrecidos, familias que lo pierden todo. Sin embargo, hay otro daño que no siempre aparece en pantalla y que tarda mucho más en sanar: el emocional. Especialmente en quienes estuvieron en la primera línea del desastre.
Más de 80 funcionarios de bomberos y de otros servicios de emergencia que combatieron los incendios en Penco, Lirquén, Tomé, San Pedro de la Paz y localidades cercanas ya han recibido contención emocional especializada gracias al trabajo silencioso, constante y profundamente humano de Fundación Psicosociales Chile. Un equipo de psicólogos, trabajadores sociales y prevencionistas de riesgo que, desde el primer día, se movilizó a terreno con un objetivo claro: cuidar a quienes nos cuidan.
Las heridas invisibles de la emergencia
Los incendios no solo arrasaron con miles de hectáreas de bosque nativo, viviendas, escuelas y centros de salud. También dejaron huellas profundas en la salud mental de quienes enfrentaron el fuego cara a cara. Bomberos y funcionarios de emergencia fueron testigos de escenas extremas, muchas veces impotentes frente al avance de las llamas, expuestos a la pérdida, al cansancio extremo y a la presión de tomar decisiones en segundos.
Estas experiencias pueden derivar en estrés postraumático, crisis de angustia, depresión, sentimientos de culpa y ansiedad persistente. Secuelas invisibles, pero reales, que si no se abordan a tiempo pueden afectar gravemente la calidad de vida de estas personas y de sus familias.
Una respuesta inmediata y con vocación
Frente a este escenario, Fundación Psicosociales Chile activó de inmediato sus redes de voluntariado. Con más de diez años de experiencia en apoyo psicosocial en contextos de crisis, la organización logró desplegar equipos en terreno desde el día siguiente de la emergencia.
“Primero reunimos alimentos y agua gracias al apoyo del Ecosistema Biobío, y luego comenzamos con la contención emocional”, explica Claudia Muñoz Ramos, psicóloga, fundadora y presidenta de la fundación. “Durante y después de una catástrofe, lo más difícil no siempre se ve, y ahí es donde debemos estar”.
El trabajo se realiza directamente en los cuarteles de bomberos y espacios de descanso de los equipos de emergencia, generando espacios seguros de escucha, acompañamiento y orientación emocional. Un apoyo discreto, pero fundamental, que permite prevenir daños mayores a largo plazo.
Diez años cuidando la salud mental en emergencias
Fundación Psicosociales Chile nació tras los incendios de 2017, como una iniciativa espontánea de voluntarios que entendieron que la salud mental también es una urgencia. Con el tiempo, ese impulso solidario se transformó en una estructura organizada, con áreas de acción bien definidas.
Hoy, la fundación trabaja en apoyo a personal de primera línea, elaboración de catastros psicosociales, prevención de riesgos en terreno, capacitación en primeros auxilios psicológicos e investigación. Su directorio está compuesto por profesionales con experiencia en gestión, salud mental y emergencias, y coordina a más de 600 voluntarios a nivel nacional.
Un enfoque integral en terreno
Uno de los aspectos más valorados del trabajo de Psicosociales Chile es su enfoque transversal. No solo entregan apoyo psicológico, sino que también levantan información clave para la gestión de ayudas y la prevención de nuevos riesgos.
Los trabajadores sociales recopilan necesidades urgentes y las derivan a los municipios, facilitando la elaboración de Fichas Básicas de Emergencia. A esto se suma el trabajo de los prevencionistas de riesgo, quienes ayudan a evitar accidentes en zonas siniestradas, como derrumbes, manipulación de escombros o rebrotes de fuego.
Esta mirada integral permite una intervención más efectiva y humana, especialmente en contextos donde el agotamiento físico y emocional es extremo.
El desafío del largo plazo
Tras la fase más crítica de la emergencia, el trabajo continúa. Fundación Psicosociales Chile proyecta apoyo psicoeducativo para estudiantes y docentes cuyos establecimientos fueron afectados, además de terapias especializadas para familias que presentan cuadros de trauma, ansiedad o estrés prolongado.
Cada caso es acompañado por profesionales voluntarios con formación específica y experiencia en contextos de crisis. Paralelamente, la fundación busca fortalecer su área de capacitación para formar a más personas en primeros auxilios psicológicos, ampliando así la capacidad de respuesta ante futuras emergencias.
El objetivo es claro: llegar antes, llegar mejor y llegar a más personas.
Un llamado que interpela a todas
Para sostener este trabajo en el tiempo, la fundación hace un llamado a la colaboración de la comunidad y del sector privado. Hoy, gran parte de las acciones se financian con recursos propios y donaciones puntuales, lo que limita el alcance de la ayuda.
“Necesitamos más voluntarios, pero también apoyo económico y logístico. La salud mental no puede quedar al final de la lista”, enfatiza Claudia Muñoz.
En un país donde las catástrofes naturales son parte de nuestra historia reciente, iniciativas como Fundación Psicosociales Chile nos recuerdan que reconstruir también implica sanar por dentro. Porque detrás de cada emergencia hay personas que cargan cicatrices invisibles, y acompañarlas es una responsabilidad compartida.



