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La calidad de lo que comemos importa más que cuánto pesamos

Durante años, la conversación sobre alimentación ha estado dominada por dietas rápidas, números en la balanza y promesas de resultados exprés. En redes sociales, conversaciones de café y hasta en reuniones familiares, el peso suele convertirse en el principal indicador de salud. Sin embargo, cada vez más especialistas coinciden en que este enfoque es limitado y, en muchos casos, contraproducente. Hoy, la invitación es a cambiar el foco hacia un concepto clave: la nutrición consciente y la calidad de lo que comemos.

En Chile, el tema no es menor. Las cifras muestran un escenario que genera preocupación y que obliga a replantear cómo estamos abordando la alimentación y el bienestar. Según la Encuesta de Consumo Alimentario del Ministerio de Salud, solo un 5% de la población mantiene una alimentación saludable. A esto se suma que el 86,7% de las personas es sedentaria y que el país se ubica como el segundo con mayor prevalencia de obesidad dentro de la OCDE, con un 34,4% de la población mayor de 15 años viviendo con esta condición.

En este contexto, seguir midiendo la salud solo en kilos parece insuficiente. Para Tanya Hernández, nutricionista de Kinegun, las cifras reflejan una urgencia clara: cambiar el enfoque tradicional. “Durante mucho tiempo se ha asociado la salud únicamente al peso, cuando en realidad el problema de fondo está en cómo y qué estamos comiendo. Una persona puede bajar de peso y seguir teniendo una alimentación deficiente”, explica.

Este punto resulta especialmente relevante para muchas mujeres, que han crecido bajo una fuerte presión estética y mensajes que asocian el valor personal y la salud con el número que marca la balanza. La nutrición consciente propone algo distinto: observar la relación que tenemos con la comida, priorizar la calidad de los alimentos y construir hábitos que se sostengan en el tiempo.

Uno de los errores más frecuentes, según la especialista, es la desconexión con las porciones reales y la composición de las comidas. “Muchas personas creen que comen sano, pero cuando analizamos sus platos vemos que no están equilibrados o que las cantidades no son adecuadas. Educar en porciones, variedad y calidad es clave para generar cambios reales”, señala Hernández.

La calidad de la alimentación no solo influye en el peso corporal, sino también en la energía diaria, la digestión, la salud metabólica y la composición corporal. Comer mejor impacta directamente en cómo nos sentimos al despertar, en nuestra concentración durante el día y en la prevención de enfermedades a largo plazo. “Cuando se priorizan alimentos frescos, se equilibran los macronutrientes y se mantienen horarios regulares, los resultados llegan de manera natural y sostenible, sin dietas extremas”, agrega la nutricionista.

En una ciudad como Santiago, donde el ritmo acelerado, los traslados largos y la falta de tiempo muchas veces juegan en contra, hablar de nutrición consciente no significa complicarse ni pasar horas en la cocina. Se trata de tomar decisiones más informadas, planificar con un poco de anticipación y entender que comer bien no es sinónimo de restricción permanente.

Claves para mejorar la calidad de la alimentación

Frente a este escenario, desde Kinegun proponen recomendaciones prácticas que ayudan a avanzar hacia una relación más sana con la comida y hábitos sostenibles en el tiempo:

Priorizar alimentos reales. Optar por ingredientes frescos y preparaciones caseras siempre que sea posible, dejando en segundo plano los productos ultraprocesados que suelen ser altos en azúcares, sodio y grasas de baja calidad.

Reconocer porciones adecuadas. Entender cuánto es una porción real permite evitar excesos involuntarios. No se trata de comer menos, sino de comer mejor y en la cantidad que el cuerpo necesita.

Equilibrar el plato. Incorporar proteínas, verduras, carbohidratos de buena calidad y grasas saludables en cada comida ayuda a mantener niveles de energía estables y una mejor saciedad.

Mantener horarios regulares. Respetar los tiempos de comida favorece la digestión y la regulación del apetito, evitando llegar a las comidas con hambre extrema.

Dejar atrás la mentalidad de dieta. “No se trata de prohibir, sino de aprender a comer mejor todos los días”, enfatiza Hernández. La clave está en la constancia, no en la perfección.

Finalmente, la especialista subraya que el verdadero objetivo de la nutrición debería ser mejorar la calidad de vida y prevenir enfermedades, más que alcanzar un número específico en la balanza. “Cuando cambiamos el foco hacia la calidad de lo que comemos, estamos invirtiendo en salud presente y futura”, afirma.

En este camino, la tecnología puede convertirse en una aliada, siempre que se utilice como apoyo y no como una forma de control excesivo. “Herramientas como Body Pro Smart Kitchen, una báscula digital inteligente de cocina que permite medir alimentos y calcular calorías y macronutrientes, pueden ayudar a ordenar la alimentación y a comprender mejor las porciones, siempre desde una mirada consciente y sin generar ansiedad”, concluye.

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