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Aluvión: cómo limpiar sin poner en riesgo la salud

El barro, las aguas acumuladas y los escombros que quedan después de una inundación pueden esconder riesgos para la salud. Qué elementos de protección usar, cómo tratar las heridas y cuándo consultar por una posible infección son medidas importantes durante la limpieza.

Después de un aluvión, cuando baja el agua y llega el momento de recuperar la casa, la prioridad suele ser retirar el barro, sacar los muebles dañados y limpiar cada rincón. Sin embargo, aunque estas tareas parezcan parte natural de la vuelta a la rutina, también pueden representar un riesgo si no se toman algunas precauciones.

Tras el aluvión que afectó a distintos sectores de Las Condes, en Santiago, la limpieza de viviendas y espacios cubiertos de lodo y escombros se convirtió en una de las tareas posteriores a la emergencia. El problema es que las aguas de inundación pueden arrastrar aguas servidas, residuos, microorganismos y objetos cortantes que no siempre se ven a simple vista.

Por eso, antes de ponerse las botas y comenzar a retirar el barro, conviene revisar algunas recomendaciones para proteger la salud propia y la de quienes participan en las labores de recuperación.

Qué usar para limpiar después de un aluvión

Lo primero es confirmar que las autoridades hayan autorizado el regreso a la vivienda y que no existan riesgos estructurales, eléctricos o de otra naturaleza. Una vez que sea seguro ingresar, es importante evitar el contacto directo con el agua acumulada y el barro.

Para las tareas de limpieza se recomienda utilizar botas impermeables y guantes resistentes al agua. Si existe riesgo de salpicaduras, también es conveniente usar protección ocular. En espacios con polvo o partículas suspendidas, puede ser necesaria una mascarilla adecuada para reducir la exposición.

La protección debe mantenerse durante todo el proceso, especialmente al mover muebles, retirar residuos o manipular objetos que hayan estado sumergidos. No conviene tocar directamente elementos potencialmente peligrosos ni trabajar con las manos descubiertas, aunque el barro parezca superficialmente limpio.

También es importante mantener a los niños alejados de las zonas afectadas y evitar que jueguen con el agua o el lodo acumulados. Al terminar, hay que lavarse cuidadosamente las manos con agua segura y jabón, incluso después de quitarse los guantes.

Los alimentos que hayan entrado en contacto con aguas de inundación deben desecharse. Para beber, cocinar y lavarse los dientes, se debe utilizar agua segura, siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias cuando exista una alerta sobre su calidad.

Heridas pequeñas que no conviene ignorar

Durante la limpieza es fácil sufrir cortes, pinchazos o rasguños al mover escombros, vidrios, latas y otros materiales. Aunque la lesión parezca menor, el contacto con barro o agua contaminada aumenta la importancia de limpiarla adecuadamente.

El doctor Javier Bolaño, jefe técnico de la Unidad de Paciente Crítico, Clínica Indisa, recomienda evitar el contacto directo con el lodo y las aguas acumuladas, sobre todo cuando existen heridas o lesiones en la piel. Si se produce una exposición, la zona debe lavarse lo antes posible con agua limpia y jabón.

Si hay una herida, también conviene cubrirla con un apósito limpio y evaluar si requiere atención médica. Las lesiones profundas, los pinchazos y aquellas contaminadas con tierra, barro o residuos necesitan especial atención.

Hay que consultar si aparece enrojecimiento que aumenta, hinchazón, secreción o dolor progresivo. Estos signos pueden indicar una infección y no deberían tratarse por cuenta propia, especialmente si la lesión ocurrió durante las labores de limpieza.

¿Corresponde vacunarse contra el tétanos?

Esta es una de las dudas que pueden surgir después de una inundación. El tétanos es una enfermedad grave causada por una bacteria que puede ingresar al organismo a través de heridas, en particular las profundas o contaminadas.

Sin embargo, haber estado en contacto con barro no significa que todas las personas deban vacunarse automáticamente. La indicación depende del tipo de lesión, los antecedentes de vacunación y el tiempo transcurrido desde la última dosis.

Si una persona se corta o se pincha mientras retira escombros, lo recomendable es limpiar la herida y consultar a un profesional de salud para que determine si corresponde un refuerzo contra el tétanos u otra medida preventiva. No es necesario iniciar una vacunación masiva únicamente por haber estado expuesto al barro o al agua de inundación.

Si no recuerdas cuándo recibiste la última dosis o no tienes claridad sobre tu esquema de vacunación, es importante comentarlo durante la evaluación médica. Esa información ayuda a decidir qué medidas corresponden en cada caso.

Fiebre y dolores musculares: señales de alerta

Los riesgos no terminan cuando se guarda la escoba. Algunas infecciones pueden manifestarse días después de la exposición, por lo que es importante prestar atención a cómo evoluciona el estado de salud.

Una de ellas es la leptospirosis, una infección bacteriana que puede transmitirse por el contacto con agua o tierra contaminadas con la orina de animales infectados. Entre sus posibles síntomas están la fiebre, el dolor de cabeza y los dolores musculares.

La exposición no significa necesariamente que una persona vaya a enfermarse. Sin embargo, si aparecen estos síntomas después de haber participado en la limpieza o haber tenido contacto con agua potencialmente contaminada, es importante informar ese antecedente al equipo de salud y solicitar una evaluación.

También se debe consultar ante diarrea intensa, vómitos persistentes, fiebre o un deterioro importante del estado general. Si una herida empeora, duele cada vez más o presenta signos de infección, no conviene esperar a que el problema desaparezca por sí solo.

La recomendación es evitar la automedicación y no tomar antibióticos de manera preventiva sin indicación médica. Será un profesional quien determine si hacen falta exámenes o tratamiento.

La recuperación también exige prevención

Después de una emergencia, las ganas de recuperar rápidamente la casa son comprensibles. Pero dedicar unos minutos a preparar la limpieza, usar protección y revisar cualquier lesión puede evitar complicaciones posteriores.

La clave es no subestimar el barro ni las aguas acumuladas, mantener a los niños fuera de las zonas contaminadas y consultar si aparecen heridas o síntomas sospechosos. Porque, además de retirar los restos del aluvión, recuperarse de una emergencia también significa cuidar la salud durante los días que vienen.

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