Hablar de cáncer cervicouterino sigue siendo incómodo para muchas, pero las cifras en Chile obligan a poner el tema sobre la mesa. En el marco del Día Mundial del Cáncer Cervicouterino, especialistas advierten que existe una dupla clave que puede marcar la diferencia: la vacuna y el test de VPH.
En Santiago, donde el ritmo de vida muchas veces deja poco espacio para los controles médicos, la recomendación es clara: no postergar. Según datos del Departamento de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de Chile, cada año más de mil mujeres son diagnosticadas con cáncer cervicouterino y más de 600 mueren por esta causa.
Detrás de estas cifras hay un factor común: el Virus del Papiloma Humano. Más del 95% de los casos de este tipo de cáncer están asociados a este virus, especialmente a sus variantes de alto riesgo como los tipos 16 y 18. Y aunque suene alarmante, también hay un dato que cambia la perspectiva: se estima que cerca del 80% de las personas sexualmente activas tendrá contacto con el VPH en algún momento de su vida.
Entonces, ¿por qué no todas desarrollan la enfermedad? En la mayoría de los casos, el propio sistema inmune logra eliminar el virus. Sin embargo, cuando esto no ocurre, puede generar cambios celulares que, con el tiempo, derivan en cáncer.
Ahí es donde aparece el gran problema: el cáncer cervicouterino es silencioso. En sus primeras etapas no presenta síntomas claros, lo que hace que muchas veces se detecte tarde. La doctora María Eugenia Giavedoni, de Fundación Arturo López Pérez, lo explica sin rodeos: “Es un enemigo silencioso. Por eso los controles preventivos son fundamentales”.
Cuando la enfermedad avanza, pueden aparecer señales como sangrado vaginal anormal, cambios en el flujo, dolor abdominal o molestias durante las relaciones sexuales. En etapas más avanzadas, incluso se suman síntomas como dolor pélvico persistente, fatiga o pérdida de peso sin causa aparente.
Pero la buena noticia es que este es uno de los cánceres más prevenibles. Y aquí es donde entra la dupla clave: vacunación y detección precoz.
La vacuna contra el VPH forma parte del Plan Nacional de Inmunización en Chile y se administra a niñas y niños desde los 9 años. Su objetivo es preparar al sistema inmune antes de la exposición al virus. Para personas adultas, también está disponible de manera particular en centros de salud.
“La vacunación es una de las herramientas más potentes que tenemos en salud pública. Permite reducir significativamente el riesgo de desarrollar cáncer en el futuro”, señala la especialista.
Pero la vacuna por sí sola no es suficiente. Mantener los controles al día sigue siendo esencial. Aquí entran en juego dos exámenes clave: el Papanicolaou (PAP) y el Test de VPH.
El PAP permite detectar lesiones o cambios en las células del cuello uterino antes de que evolucionen a cáncer. Se recomienda comenzar a realizarlo desde los 25 años y repetirlo cada tres años si los resultados son normales.
El Test de VPH, en tanto, busca directamente la presencia del virus mediante un análisis molecular. Se sugiere a partir de los 30 años y, si el resultado es negativo, puede repetirse cada cinco años.
Ambos exámenes están contemplados dentro de las políticas de salud en Chile. La Ley 20.769, por ejemplo, otorga a las mujeres el derecho a medio día administrativo para realizarse controles preventivos. Además, el Examen de Medicina Preventiva del Adulto (EMPA) garantiza acceso gratuito al PAP para mujeres entre 25 y 64 años.
Aun así, muchas veces estos controles se postergan. Falta de tiempo, miedo o simplemente desinformación terminan jugando en contra. Y eso se refleja en las cifras.
Durante 2025, 681 mujeres habrían fallecido por cáncer cervicouterino en el país, una de las cifras más altas de los últimos años. Entre 2021 y 2025, más de 3.300 mujeres murieron por esta causa. La mayor parte de los casos se concentra en mujeres entre 50 y 69 años, pero también hay un número significativo de fallecimientos en menores de 49.
La Región Metropolitana lidera las cifras de mortalidad, seguida por Valparaíso, Maule y otras regiones, lo que refuerza la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención a nivel local.
Más allá de los números, el mensaje es uno: este cáncer se puede evitar. Y las herramientas están disponibles.
Vacunarse, realizarse controles periódicos, usar preservativo y evitar el tabaco son medidas concretas que pueden marcar una diferencia real. No se trata solo de reaccionar ante la enfermedad, sino de adelantarse a ella.
En una rutina donde el trabajo, la familia y las responsabilidades suelen estar primero, la salud muchas veces queda en segundo plano. Pero en este caso, un chequeo a tiempo puede cambiarlo todo.
Porque cuando se trata de cáncer cervicouterino, prevenir no es una opción. Es la clave.



