En Chile, miles de mujeres conviven con dolor sin saber exactamente por qué. No es solo “parte del periodo”, ni algo que haya que normalizar. La endometriosis, una enfermedad que afecta al 10% de las mujeres en edad reproductiva, puede comenzar incluso en la adolescencia y tardar años en ser diagnosticada, impactando directamente en la calidad de vida, la fertilidad y el bienestar emocional.
Aunque cada vez se habla más del tema, sigue existiendo un problema de base: el dolor menstrual intenso muchas veces se minimiza. Y ahí está el riesgo.
El dolor que no debería ser normal
“El dolor intenso e invalidante durante la menstruación no es normal”, advierte la especialista Abril Salinas, ginecóloga y presidenta de la Sociedad Chilena de Medicina Reproductiva. Y esta frase es clave, especialmente para mujeres jóvenes que recién comienzan con su ciclo menstrual.
En una cultura donde se ha naturalizado el malestar asociado al periodo, muchas mujeres crecen pensando que sufrir es parte del proceso. Pero cuando ese dolor interfiere con la vida diaria —faltas al colegio, la universidad o el trabajo— es una señal de alerta.
La endometriosis se caracteriza por el crecimiento de tejido similar al endometrio fuera del útero. Este tejido responde a los ciclos hormonales, generando inflamación, adherencias y dolor que puede ser crónico.
Un diagnóstico que llega tarde
Uno de los mayores problemas de esta enfermedad es el tiempo que tarda en diagnosticarse. En promedio, entre 7 y 10 años. Sí, una década viviendo con síntomas sin una respuesta clara.
Esto ocurre por múltiples factores: desde la normalización del dolor hasta la falta de información, pasando por diagnósticos erróneos o tardíos.
Además, existe un componente cultural importante. Muchas mujeres no consultan a tiempo porque creen que “es así no más”, mientras que algunos profesionales pueden subestimar los síntomas iniciales.
El resultado: una enfermedad que avanza silenciosamente.
Síntomas que no debes ignorar
Aunque el dolor pélvico intenso es el síntoma más conocido, no es el único. La endometriosis puede manifestarse de distintas formas, y reconocerlas a tiempo puede marcar la diferencia.
Algunos de los signos más comunes incluyen:
- Dolor fuerte durante la menstruación
- Dolor en las relaciones sexuales
- Molestias al ir al baño, especialmente durante el periodo
- Alteraciones intestinales o urinarias
- Sangrado abundante o irregular
- Sensación constante de inflamación
También hay señales más sutiles, como notar que cada mes el dolor aumenta o que necesitas analgésicos cada vez más fuertes para sobrellevarlo.
Escuchar al cuerpo es clave.
Más allá del dolor: impacto en la vida diaria
La endometriosis no solo afecta físicamente. Tiene un impacto emocional, social y laboral importante.
Muchas mujeres ven interrumpidas sus rutinas, deben faltar a actividades importantes o incluso enfrentar incomprensión en sus entornos. El dolor crónico agota, afecta el ánimo y puede generar ansiedad o frustración.
A esto se suma otro factor relevante: la fertilidad. Se estima que el 50% de los casos de infertilidad están relacionados con esta enfermedad, lo que agrega una carga emocional significativa para quienes desean ser madres.
Cuando la enfermedad avanza
En casos más complejos, la endometriosis puede afectar otros órganos. Aunque su origen es ginecológico, hay situaciones en que el tejido se expande hacia zonas como intestinos, vejiga e incluso el diafragma.
Esto puede requerir intervenciones quirúrgicas mayores y tratamientos más invasivos.
El ginecólogo Cristian Pomés explica que incluso se han registrado casos donde ha sido necesario intervenir órganos como el riñón o realizar cirugías intestinales. Aunque no es lo más común, evidencia el potencial impacto de una enfermedad no tratada a tiempo.
¿Por qué está aumentando?
Uno de los factores que se menciona es el cambio en los hábitos reproductivos. Hoy, muchas mujeres postergan la maternidad, lo que podría influir en el aumento de casos.
El embarazo, en etapas tempranas de la vida, actúa como un factor protector frente a la endometriosis. Al retrasarse, ese efecto disminuye.
Sin embargo, este es solo uno de los múltiples factores en estudio. La enfermedad sigue siendo compleja y aún quedan muchas preguntas por responder.
Opciones de tratamiento
Actualmente, la endometriosis no tiene cura, pero sí existen tratamientos que ayudan a controlar los síntomas y mejorar la calidad de vida.
Estos van desde analgésicos hasta terapias hormonales y, en casos más severos, cirugías. Además, recientemente han surgido nuevas alternativas farmacológicas que han mostrado resultados prometedores en el manejo del dolor.
Uno de estos tratamientos ha demostrado reducir los síntomas en más del 50% de los casos en pocas semanas, lo que abre nuevas posibilidades para quienes conviven con esta condición.
El rol de la información
Hablar de endometriosis es fundamental. Informarse, compartir experiencias y visibilizar el problema puede ayudar a que más mujeres consulten a tiempo y reciban un diagnóstico oportuno.
En ciudades como Santiago, donde el ritmo de vida es intenso, muchas veces se priorizan otras responsabilidades por sobre la salud. Pero escuchar al cuerpo también es una forma de autocuidado.
Normalizar el bienestar, y no el dolor, es el cambio de paradigma que hoy se necesita.



