En el marco del Día Mundial de la Actividad Física, la alerta es clara y urgente: Chile enfrenta una verdadera crisis de sedentarismo, especialmente entre niños y adolescentes. Y aunque el tema suena repetido, las cifras actualizadas muestran un escenario más complejo de lo que muchas veces se percibe en la rutina diaria.
Según la Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte 2024, el 73,6% de los niños, niñas y adolescentes en el país no cumple con las recomendaciones mínimas de movimiento. En otras palabras, solo un 26,4% logra alcanzar los niveles sugeridos por la Organización Mundial de la Salud. Un dato que, lejos de ser anecdótico, enciende las alarmas sobre el impacto que esto tendrá en su salud futura.
Desde Clínica INDISA, la nutrióloga Paula Vergara lo resume sin rodeos: el problema no es solo que los niños no hagan deporte, sino que estamos frente a un estilo de vida profundamente sedentario. “En Chile tenemos un problema grave. Cerca del 50% de los adultos tampoco cumple con las recomendaciones de actividad física, pero en niños la cifra es aún peor”, advierte.
Y es que el sedentarismo ya no se explica únicamente por la falta de ejercicio estructurado. La vida cotidiana en ciudades como Santiago está marcada por largas jornadas escolares, traslados extensos y, sobre todo, un uso intensivo de pantallas desde edades cada vez más tempranas. Tablets, celulares y videojuegos han reemplazado gran parte del juego activo, ese que antes ocurría de forma natural en plazas o patios.
El resultado es una generación que se mueve menos y que, según los especialistas, está desarrollando menos masa muscular, menor densidad ósea y una capacidad cardiovascular reducida. Un combo silencioso que no siempre se ve a simple vista, pero que tiene consecuencias directas a mediano y largo plazo.
Porque sí, el sedentarismo es una amenaza silenciosa. Está directamente relacionado con enfermedades crónicas como la diabetes, ciertos tipos de cáncer y, especialmente, las enfermedades cardiovasculares, que siguen siendo la principal causa de muerte en Chile. No es exageración: si no se interviene ahora, el sistema de salud podría enfrentar en los próximos años una carga aún mayor.
El foco, sin embargo, está puesto en los más jóvenes. El traumatólogo Juan José Valderrama, presidente del Comité de Cirugía de Rodilla y Medicina Deportiva de la Sociedad Chilena de Ortopedia y Traumatología, enfatiza que la infancia y la adolescencia son etapas clave para el desarrollo físico y mental.
“La actividad física en niños y adolescentes no solo previene enfermedades, también favorece un adecuado desarrollo musculoesquelético. La inactividad, en cambio, se asocia a menor masa ósea y muscular, lo que puede traducirse en mayor riesgo de lesiones y problemas articulares en el futuro”, explica.
Lo preocupante es que estos efectos no se quedan en la infancia. Se arrastran. Un niño sedentario tiene altas probabilidades de convertirse en un adulto sedentario. Y ahí es donde el problema escala.
¿Cuánto deberíamos movernos realmente? Según la Organización Mundial de la Salud, los niños y adolescentes deberían realizar al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa. En el caso de los adultos, la recomendación va entre 150 y 300 minutos semanales. La teoría está clara. La práctica, no tanto.
En la vida real, muchas mujeres —especialmente en Santiago— equilibran trabajo, familia, traslados y múltiples responsabilidades, dejando el movimiento en segundo plano. Y lo mismo ocurre con los niños, cuya agenda muchas veces está más cargada de tareas que de juego.
La buena noticia es que revertir el sedentarismo no requiere cambios radicales de un día para otro. De hecho, los especialistas coinciden en que el impacto está en lo cotidiano. Pequeñas decisiones que, sumadas, hacen la diferencia.
Reducir el tiempo frente a pantallas es un primer paso clave. No se trata de eliminarlas, sino de equilibrarlas. Incorporar pausas activas durante el día —levantarse, estirarse, caminar— también ayuda más de lo que parece. En el caso de los niños, volver a fomentar el juego al aire libre puede ser un cambio simple pero poderoso.
Otra recomendación es preferir desplazamientos activos: caminar al trabajo, bajarse una estación antes del metro o usar la bicicleta cuando sea posible. Y quizás uno de los puntos más relevantes: convertir la actividad física en un hábito familiar. Salir a caminar juntas, andar en bici o incluso bailar en la casa puede generar un impacto no solo físico, sino también emocional.
Porque aquí no se trata solo de salud física. El movimiento también está directamente relacionado con el bienestar mental. Reduce el estrés, mejora el ánimo y fortalece la autoestima. En un contexto donde la salud mental ha cobrado tanta relevancia, este punto no es menor.
El sedentarismo ya está instalado como uno de los principales factores de riesgo a nivel global. En Chile, sus efectos son cada vez más visibles. Pero también es un problema que se puede abordar, siempre que exista conciencia y acción.
La invitación, en este Día Mundial de la Actividad Física, es clara: moverse más, en lo posible todos los días, y entender que no es un lujo ni una moda, sino una necesidad básica. Sobre todo para las nuevas generaciones.
Porque al final, el verdadero cambio no empieza en el gimnasio. Empieza en la casa, en la rutina, en esas pequeñas decisiones que muchas veces pasamos por alto.



