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¿Por qué no bajas de peso?

Muchas mujeres sienten que hacen “todo bien”: comen más sano, intentan moverse más, reducen las porciones e incluso eliminan antojos. Pero aun así, la balanza no cambia. Y cuando eso ocurre, la frustración aparece rápido.

La idea de que bajar de peso depende únicamente de “comer menos y moverse más” quedó atrás hace tiempo. Hoy, médicos y especialistas coinciden en que el cuerpo humano es mucho más complejo y que existen múltiples factores que pueden interferir silenciosamente en el proceso de adelgazamiento.

Desde el mal descanso hasta el estrés crónico, pasando por alteraciones hormonales o incluso una hidratación insuficiente, hay hábitos y condiciones que muchas veces pasan desapercibidos y terminan afectando directamente el metabolismo.

“El cuerpo humano cuenta con mecanismos de adaptación que pueden dificultar el adelgazamiento con el tiempo. Además, muchos hábitos del día a día pasan inadvertidos y terminan saboteando los resultados”, explica Nataniel Viuniski, médico nutriólogo especialista en obesidad y miembro del Consejo para Asuntos Nutricionales de Herbalife.

Y aunque muchas veces el foco se pone únicamente en las calorías, la realidad es que el bienestar físico y emocional también juega un rol clave.

Dormir mal sí afecta el peso

Dormir poco no solo provoca cansancio y mal humor. También altera hormonas fundamentales relacionadas con el hambre y la saciedad.

Diversos estudios han demostrado que quienes descansan menos horas tienen más dificultades para perder grasa corporal e incluso pueden sentir más ansiedad por comer durante el día.

En Santiago, donde las jornadas largas, el estrés laboral y el exceso de pantallas forman parte de la rutina de muchas personas, el sueño de calidad se ha convertido casi en un lujo.

Y el problema no es menor: dormir mal puede aumentar el apetito, generar más antojos y disminuir la energía necesaria para realizar actividad física.

El estrés: el enemigo silencioso

Otro factor que impacta directamente en el peso es el estrés.

Cuando el cuerpo permanece constantemente en alerta, aumenta la liberación de cortisol, conocida como la “hormona del estrés”. Este proceso puede favorecer la acumulación de grasa abdominal y aumentar el deseo por alimentos altos en azúcar o grasas.

Muchas mujeres viven este círculo diariamente: exceso de trabajo, carga mental, preocupaciones familiares y poco tiempo para descansar. Todo eso termina afectando el metabolismo.

Por eso, especialistas recomiendan incorporar espacios de regulación emocional como caminatas, yoga, terapia, meditación o simplemente momentos de pausa reales.

No todo es dieta: también importan las vitaminas

Uno de los errores más frecuentes es pensar que el cansancio, la falta de energía o el estancamiento en el peso tienen relación únicamente con la alimentación.

Sin embargo, déficits de nutrientes como hierro, vitamina D o magnesio también pueden afectar el metabolismo y dificultar el control del peso.

Clara Lucia Valderrama, nutricionista y miembro del Consejo Consultor de Nutrición de Herbalife, explica que estos nutrientes participan en procesos fundamentales relacionados con la energía, la regulación del apetito y el rendimiento físico.

Por eso, muchas veces realizar chequeos médicos y exámenes preventivos puede ayudar a detectar desequilibrios que están afectando el proceso sin que la persona lo note.

Comer poca proteína también influye

Durante años, las dietas se enfocaron en reducir calorías al máximo. El problema es que muchas veces eso termina disminuyendo nutrientes esenciales, especialmente proteínas.

Y la proteína cumple funciones fundamentales: ayuda a mantener la masa muscular, entrega saciedad y contribuye a un metabolismo más activo.

Especialmente en mujeres que realizan actividad física, consumir proteína de manera equilibrada durante el día puede marcar una gran diferencia.

Huevos, yogur griego, pescado, pollo, legumbres y snacks ricos en proteína se han convertido en aliados importantes dentro de las rutinas saludables actuales.

El ejercicio sigue siendo clave

Aunque la alimentación tiene un rol central, el sedentarismo sigue siendo uno de los principales obstáculos para bajar de peso y mantener resultados en el tiempo.

El cuerpo tiende naturalmente a adaptarse cuando pierde peso, disminuyendo el gasto energético. Por eso, incorporar movimiento diario ayuda a mantener activo el metabolismo.

Y no se trata necesariamente de pasar horas en el gimnasio. Caminar, bailar, subir escaleras o practicar deportes recreativos también aportan beneficios importantes.

Además, ejercicios de fuerza o entrenamiento muscular pueden ayudar a preservar masa magra, algo fundamental especialmente después de los 30 años.

El problema de “comer sin darse cuenta”

Muchas veces las personas creen estar consumiendo pocas calorías, pero en la práctica ocurre lo contrario.

Picoteos pequeños, bebidas azucaradas, snacks “saludables” o porciones mal calculadas pueden sumar mucho más de lo que imaginamos.

Estudios muestran que gran parte de las personas tiende a subestimar lo que come y sobreestimar la actividad física que realiza.

Por eso, el acompañamiento profesional sigue siendo una herramienta importante para entender realmente cómo se está alimentando cada persona.

Las hormonas también hablan

Existen condiciones hormonales que pueden dificultar significativamente la pérdida de peso.

Hipotiroidismo, resistencia a la insulina y síndrome de ovario poliquístico (SOP) son algunas de las más frecuentes entre mujeres.

En estos casos, muchas veces el cuerpo responde de manera distinta incluso manteniendo hábitos saludables.

Por eso, especialistas recomiendan realizar controles médicos periódicos y no normalizar síntomas como cansancio extremo, aumento de peso repentino o cambios hormonales importantes.

El agua también importa

Aunque suele parecer un consejo básico, la hidratación cumple un rol mucho más importante de lo que muchas personas creen.

Tomar suficiente agua ayuda en procesos metabólicos, mejora la sensación de saciedad y puede contribuir al control del apetito.

Algunas investigaciones incluso muestran que beber agua antes de las comidas podría favorecer la pérdida de peso en personas con sobrepeso.

Y en invierno —cuando suele disminuir el consumo de líquidos— este hábito se vuelve todavía más relevante.

Más allá de la balanza

Hoy, la conversación sobre pérdida de peso también cambió. Ya no se trata únicamente de estética o números, sino de bienestar, salud y calidad de vida.

Dormir mejor, manejar el estrés, nutrirse adecuadamente y entender cómo funciona el propio cuerpo son factores tan importantes como la alimentación o el ejercicio.

Porque muchas veces el problema no es falta de esfuerzo. El cuerpo simplemente está pidiendo atención desde otros lugares que solemos ignorar.

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