No es solo cruzar la meta. Para miles de personas, el verdadero premio del Maratón de Santiago llega justo después: esa medalla que cuelga del cuello, pesada, simbólica y absolutamente merecida. Y este 2026, ese momento viene con un significado aún más especial.
La organización del Itaú Maratón de Santiago acaba de revelar el diseño de sus medallas para la edición que se correrá el próximo 26 de abril, y no es cualquier presea. Esta vez, cada detalle está inspirado en la ciudad misma, en sus calles, en sus ritmos y en las comunas que forman parte del recorrido.
Una medalla que recorre Santiago
Santiago no es una sola ciudad, y quienes corren lo saben bien. Cada kilómetro tiene su carácter, su paisaje y su energía. Por eso, las medallas de este año están inspiradas en las ocho comunas que conforman el circuito: Santiago, Ñuñoa, Macul, Peñalolén, La Reina, Las Condes, Vitacura y Providencia.
Cada una aporta algo distinto: desde la intensidad del centro hasta los tramos más residenciales o verdes. Esa diversidad es la que hoy queda representada en una medalla que no solo reconoce el esfuerzo físico, sino también el recorrido completo de quienes se atreven con los 10K, 21K o 42K.
Porque más allá de la distancia, todas las personas que cruzan la meta comparten algo: preparación, disciplina y una historia personal detrás de cada kilómetro.
Más que una meta: una experiencia completa
Una de las grandes novedades de este año es el programa “Medal Week”, una iniciativa que busca extender la experiencia del maratón más allá del día de la carrera.
¿De qué se trata? Todos quienes crucen la meta y obtengan su medalla podrán acceder a beneficios comerciales exclusivos durante los días posteriores al evento. Una forma concreta de reconocer el esfuerzo y, al mismo tiempo, mantener viva la experiencia.
Según explicó la directora ejecutiva del evento (Prokart), Francisca Aguirre, esta propuesta apunta justamente a eso: transformar la medalla en algo más que un símbolo, en una puerta de acceso a nuevas experiencias.
En la práctica, el logro no termina en la línea de llegada. Se proyecta en la ciudad y en distintas actividades que acompañan a la comunidad runner.
La previa también cuenta
Antes de colgarse la medalla, hay un paso clave: el retiro del kit de competencia. Y como ya es tradición, este proceso se realizará en la Expo Running, que este año tendrá lugar en el Centro Cultural Estación Mapocho.
Las fechas son el 23, 24 y 25 de abril, entre las 11:00 y las 20:00 horas. En ese espacio, cada participante deberá retirar de forma personal su número, chip y polera oficial.
La organización ha sido clara: el retiro es personal e intransferible, con el objetivo de asegurar que cada corredor compita bajo su propia inscripción.
Además, la Expo se ha consolidado como parte del evento. Es el punto de encuentro donde se respira el ambiente previo, se afinan detalles y se vive la antesala de la carrera.
Tecnología para seguir la carrera
En eventos de esta magnitud, la tecnología cumple un rol clave. Para esta edición, la aplicación Prokart Running permitirá seguir todos los detalles en tiempo real.
Tanto participantes como público general podrán acceder a información sobre recorridos, tiempos y resultados desde sus dispositivos móviles. Una herramienta útil para quienes corren y también para quienes acompañan desde fuera.
Una ciudad que se transforma
El Maratón de Santiago no es solo una competencia deportiva. Es un evento que cambia el ritmo de la ciudad por un día completo. Calles cerradas, miles de personas en las veredas y una energía que se siente desde temprano.
Para muchos, participar es un desafío personal; para otros, una tradición. Pero en todos los casos, hay un elemento común: la conexión con la ciudad desde una perspectiva distinta, recorriéndola a pie y a otro ritmo.
En ese contexto, la medalla adquiere un valor especial. No es solo un objeto conmemorativo, sino un símbolo de todo el proceso: entrenamientos, sacrificios y la satisfacción de haber llegado hasta el final.
El valor de cruzar la meta
A medida que se acerca la fecha, crece la expectativa. Cada participante llega con su propia meta, ya sea mejorar un tiempo, completar una distancia o simplemente terminar.
Y aunque el recorrido puede ser exigente, hay algo que se mantiene constante: la emoción del final. Ese momento en que el esfuerzo se transforma en logro.
Este 2026, además, ese logro viene acompañado de una medalla que no solo representa kilómetros, sino también una ciudad entera y una experiencia que va mucho más allá de la carrera.



