Si al quitarte los audífonos sientes un leve zumbido, o si notas que las personas “murmuran” al hablarte, tu audición ya podría estar en cuenta regresiva. El oído es uno de esos sentidos que usamos todo el día sin pensarlo. Nos acompaña en la oficina, en el metro, en el gimnasio y en la casa cuando por fin logramos un momento para nosotras. Gracias a él conversamos, percibimos alertas y nos conectamos con el entorno. Sin embargo, solemos darle poca importancia hasta que comienzan los problemas.
“La audición es un sentido que tendemos a dar por sentado, pero una vez que se daña, las células ciliadas del oído interno no se regeneran”, explica el otorrino Roberto Arias, especialista de Clínica INDISA. A diferencia de un corte en la piel, el daño auditivo es permanente y acumulativo. Por eso, insiste, es fundamental adoptar medidas preventivas desde temprana edad.
En una ciudad como Santiago, donde el ruido ambiente ya es alto —tráfico, bocinas, construcción—, el uso constante de audífonos suma un factor extra de riesgo. Y para muchas mujeres, son parte esencial de la rutina: música camino al trabajo, podcasts mientras caminan, llamadas largas o series antes de dormir.
La regla 60/60: simple pero efectiva
En este escenario, aprender a usar correctamente los audífonos es clave. Para eso existe la regla 60/60: no utilizarlos por más de 60 minutos continuos y mantener el volumen bajo el 60% de la capacidad máxima del dispositivo.
“El trauma acústico ocurre cuando las ondas sonoras impactan el tímpano y estimulan excesivamente el nervio auditivo”, detalla el especialista. Este daño puede producirse de forma aguda —por una explosión, por ejemplo— o de manera crónica, por la exposición prolongada a música a volumen elevado. La regla 60/60 aborda precisamente la intensidad y el tiempo de exposición.
Aunque parece fácil de cumplir, muchas veces superamos ese límite sin darnos cuenta, especialmente en trayectos largos o jornadas extensas frente al computador.
Señales de alerta que no deberías ignorar
No hace falta un examen médico para sospechar que el volumen está demasiado alto. El cuerpo suele avisar. Algunas señales claras son:
– Sentir zumbidos o pitidos en los oídos después de usar audífonos.
– Necesitar subir cada vez más el volumen del celular o la televisión.
– Tener dificultad para seguir conversaciones en lugares con ruido de fondo.
– Sentir que las personas “murmuran” al hablarte.
– Pedir con frecuencia que te repitan lo que dijeron.
– No oír a alguien que te habla a un metro de distancia.
Si varias de estas situaciones te resultan familiares, es momento de prestar atención.
Un problema global que también nos afecta
Un estudio internacional titulado Prevalence and global estimates of unsafe listening practices in adolescents and young adults advierte que aproximadamente 1.100 millones de personas en el mundo están en riesgo de sufrir pérdida auditiva debido a prácticas de escucha inseguras, como el uso de audífonos a volumen excesivo.
Aunque muchas veces se asocia este problema a adolescentes, la realidad es que afecta a adultas jóvenes y mujeres activas que pasan gran parte del día conectadas a dispositivos de audio por trabajo o entretenimiento.
Mucho más que “escuchar menos”
El impacto de la pérdida auditiva va más allá del oído. “No solo afecta la capacidad para comunicarse, sino que tiene consecuencias psicológicas y sociales”, señala el doctor Arias. Las personas con problemas auditivos tienden a aislarse, experimentan mayores dificultades laborales y presentan mayor riesgo de depresión.
En adultos mayores, además, existe una fuerte correlación entre la pérdida auditiva no tratada y el deterioro cognitivo acelerado. Cuidar la audición hoy no es solo una cuestión de comodidad, sino también de salud integral a largo plazo.
Cómo proteger tu audición en la vida diaria
Además de aplicar la regla 60/60, los especialistas recomiendan:
– Utilizar audífonos con cancelación de ruido para evitar subir el volumen en la calle.
– Preferir audífonos externos tipo cintillo en lugar de intrauriculares, que dirigen el sonido directamente al canal auditivo.
– Hacer pausas de al menos 10 minutos por cada hora de uso continuo.
– Usar tapones u orejeras en conciertos o ambientes con ruido constante.
– Realizar controles auditivos preventivos periódicos, aunque no existan síntomas evidentes.
En una ciudad intensa como Santiago, donde el ruido es parte del paisaje, proteger la audición debería convertirse en un hábito tan natural como usar protector solar en verano. Porque cuando el oído comienza a fallar, no hay vuelta atrás. Y escuchar bien no es un lujo: es parte esencial de nuestra calidad de vida.



