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Día Mundial de la Obesidad: ¿Cómo tus hábitos activan o silencian tus genes?

Descubre lo que la ciencia ya sabe sobre la epigenética y el aumento de peso. La obesidad dejó de ser un tema aislado para convertirse en uno de los mayores desafíos de salud pública del siglo XXI. Según la Organización Mundial de la Salud, hoy afecta a más de 1.000 millones de personas en el mundo, y su prevalencia sigue aumentando, incluso entre niños y adolescentes.

En Chile, donde el sobrepeso y la obesidad son parte de las principales preocupaciones sanitarias, la conversación ya no se limita a contar calorías. La ciencia está mirando más profundo: hacia los genes. Pero no desde una lógica fatalista. Todo lo contrario.

La pregunta que hoy cobra fuerza es: ¿realmente estamos “condenadas” por nuestra genética o nuestros hábitos pueden cambiar el rumbo?

La epigenética: cuando el entorno conversa con tus genes

Durante años se pensó que el ADN era un destino fijo. Sin embargo, la epigenética —la rama de la ciencia que estudia cómo factores externos modulan la expresión de los genes sin alterar la secuencia del ADN— cambió esa mirada.

Un artículo publicado en el International Journal of Obesity advierte que experiencias adversas tempranas pueden dejar “marcas epigenéticas” duraderas, aumentando el riesgo de obesidad en la vida adulta.

“Nuestros hábitos funcionan como un interruptor químico”, explica la médica endocrinóloga Cecilia Solís-Rosas García, miembro del Consejo para Asuntos de Nutrición de Herbalife. “Influyen en procesos relacionados con el apetito, el gasto energético, la inflamación, la resistencia a la insulina y el almacenamiento de grasa”.

En otras palabras, dependiendo de lo que hacemos —cómo comemos, cuánto nos movemos, cuánto dormimos o cuánto estrés acumulamos— ciertos genes pueden activarse o silenciarse.

Para muchas mujeres en Santiago, que equilibran trabajo, familia y vida personal en jornadas intensas, entender esto puede ser liberador. No todo está escrito.

La influencia comienza antes de nacer

Lo más impactante es que esta historia puede empezar incluso antes del nacimiento.

Investigaciones sugieren que el entorno gestacional —la alimentación de la madre, el aumento de peso durante el embarazo o el tabaquismo— puede influir en el riesgo de obesidad en los hijos a través de mecanismos epigenéticos.

Un estudio publicado en el Journal of Pediatrics también indica que experiencias adversas en la infancia podrían asociarse a cambios epigenéticos, como modificaciones en los patrones de metilación del ADN, que influyen en el riesgo de obesidad a lo largo del desarrollo.

Esto no significa culpar a las madres. Significa entender que el entorno importa, y mucho.

Hábitos que “encienden” o “apagan” genes

La buena noticia es que los mismos mecanismos que pueden aumentar el riesgo también pueden jugar a favor. Veamos cómo influyen los principales hábitos.

Alimentación

Lo que ponemos en el plato tiene un impacto directo en la expresión genética. Una investigación publicada en Advances in Nutrition señala que la alimentación puede “encender” o “apagar” genes mediante mecanismos epigenéticos.

Una dieta rica en azúcares simples y grasas saturadas se asocia con mayor inflamación sistémica y disfunciones metabólicas. En cambio, patrones alimentarios basados en frutas, verduras, legumbres, fibra y grasas insaturadas se vinculan con marcas epigenéticas asociadas a mejor sensibilidad a la insulina y mayor control metabólico.

En una ciudad donde el ritmo acelerado muchas veces empuja hacia la comida rápida o ultra procesada, pequeños cambios —como planificar colaciones saludables o cocinar más en casa— pueden tener un efecto más profundo de lo que imaginamos.

Estrés

El estrés crónico no solo afecta el ánimo. También impacta la biología.

Un estudio del International Journal of Molecular Sciences muestra que el estrés prolongado puede influir en mecanismos epigenéticos, modulando la expresión de genes relacionados con la regulación neuroendocrina y el estado de ánimo.

Para muchas mujeres santiaguinas, el estrés es casi parte del paisaje: tráfico, exigencias laborales, crianza. Incorporar prácticas como pausas activas, respiración consciente o espacios de desconexión no es un lujo, es una estrategia de salud.

Actividad física

Moverse no solo quema calorías. También genera cambios positivos en la metilación del ADN, mecanismo que regula cómo funcionan los genes en las células.

El estudio Physical Activity and DNA Methylation in Humans demuestra que el ejercicio regular modula la expresión de genes involucrados en la adaptación metabólica y el metabolismo energético.

“Incluso intervenciones de corto plazo ya pueden influir en la expresión de genes relacionados con el metabolismo”, enfatiza la doctora Solís-Rosas. “Pequeñas modificaciones desde ahora, como realizar sesiones diarias de 30 minutos de ejercicio y priorizar un sueño de calidad, pueden contribuir de forma positiva”.

No se trata necesariamente de entrenamientos extremos. Caminar por el barrio, subir escaleras o bailar en casa también cuentan.

Más allá del peso: una mirada integral

Hablar de obesidad no es solo hablar de estética. Es abordar un tema de salud integral que incluye riesgo cardiovascular, diabetes tipo 2 y otras enfermedades metabólicas.

Pero el enfoque epigenético ofrece una perspectiva menos determinista y más empoderadora. Nuestros genes no son un destino inamovible. Interactúan con nuestro entorno y responden a nuestros hábitos.

En el marco del Día Mundial de la Obesidad, la invitación no es a la culpa ni a las dietas milagro. Es a comprender que cada elección diaria —lo que comemos, cómo nos movemos, cómo gestionamos el estrés— tiene un efecto biológico real.

Y aunque no podamos cambiar nuestro ADN, sí podemos influir en cómo se expresa.

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