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Dormir bien: mitos y verdades que sí importan

Dormir bien se ha transformado en uno de los temas más comentados cuando hablamos de bienestar. Y no es casualidad. En una ciudad como Santiago, donde el ritmo de vida muchas veces no da tregua, el descanso suele quedar en segundo plano. Pero la ciencia es clara: el sueño no es un lujo, es una necesidad básica.

Aun así, siguen circulando muchas creencias sobre dormir mejor. ¿Se puede recuperar el sueño perdido? ¿Dormir más siempre es mejor? Para aclarar dudas, revisamos los principales mitos y verdades junto a la evidencia científica y la mirada del especialista Nataniel Viuniski, integrante del Consejo de Asuntos de Nutrición de Herbalife.

Dormir no es solo descansar

Antes de entrar en los mitos, hay algo clave: dormir no es solo “desconectarse”. Mientras dormimos, el cuerpo regula funciones esenciales como el metabolismo, la inmunidad, el estado de ánimo y hasta la toma de decisiones.

Por eso, cuando dormimos mal, lo sentimos en todo: desde la energía con la que partimos el día hasta cómo enfrentamos el estrés o incluso lo que comemos.

Mito 1: “Recupero el sueño el fin de semana”

Una de las frases más repetidas. Y también una de las más engañosas.

Dormir más el sábado o domingo puede ayudarte a sentirte menos cansada, pero no compensa completamente los efectos de dormir poco durante la semana. La llamada “deuda de sueño” tiene impactos acumulativos en el cuerpo, especialmente a nivel metabólico y cognitivo.

Esto significa que, aunque te sientas mejor momentáneamente, tu organismo sigue funcionando en desequilibrio.

Mito 2: “Mientras más duermo, mejor”

Suena lógico, pero no es tan simple.

La calidad del sueño importa más que la cantidad. Puedes dormir muchas horas y aun así despertarte cansada si el sueño es fragmentado o poco profundo.

Los estudios coinciden en que el punto ideal para la mayoría de los adultos está entre 7 y 8 horas por noche. Dormir mucho menos —o mucho más— puede afectar negativamente la salud.

En resumen: no se trata de dormir más, sino de dormir mejor.

Verdad 1: Dormir mal afecta el peso y la inmunidad

Aquí la evidencia es contundente.

Dormir poco altera la producción de hormonas como el cortisol, la leptina y la grelina, que regulan el hambre y la saciedad. ¿El resultado? Más antojos, más ganas de azúcar y menos control sobre lo que comemos.

Además, la falta de sueño impacta directamente el sistema inmune. Cuando no descansamos bien, el cuerpo se vuelve más vulnerable a enfermedades y procesos inflamatorios.

Si alguna vez sentiste que después de una mala noche comes peor o te resfrías más fácil, no es casualidad.

Verdad 2: El insomnio es un problema de salud

No es solo “me costó dormir”. Cuando el insomnio se vuelve frecuente, pasa a ser un tema médico.

Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos del sueño están entre los factores que más afectan el bienestar general. El insomnio se considera crónico cuando ocurre al menos tres veces por semana durante tres meses o más.

Y no es menor: está asociado a mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, problemas de ánimo y baja en la calidad de vida.

Si sientes que dormir mal ya es parte de tu rutina, vale la pena consultarlo.

Verdad 3: Tu estilo de vida impacta directamente tu sueño

Aquí es donde muchas veces tenemos más control del que creemos.

Hábitos como hacer ejercicio regularmente, mantener horarios estables y tener una alimentación equilibrada pueden mejorar significativamente la calidad del sueño.

Pero ojo con algunos detalles:

  • Hacer ejercicio muy tarde puede activar demasiado el cuerpo
  • Consumir cafeína en la tarde o noche puede dificultar el descanso
  • Cenar muy pesado puede interferir en el sueño profundo

Pequeños ajustes pueden generar grandes cambios.

¿Qué pasa en la vida real?

En el día a día, especialmente para muchas mujeres en Santiago, dormir bien no siempre es fácil. Trabajo, familia, vida social, redes sociales… todo compite por tiempo.

Y ahí es donde aparecen los “atajos”: dormir menos, compensar después o normalizar el cansancio.

Pero el cuerpo pasa la cuenta.

Dormir bien también es autocuidado

Así como cuidamos la piel, la alimentación o el ejercicio, el sueño debería estar en esa misma lista.

Porque no se trata solo de descansar: dormir bien impacta cómo te sientes, cómo te ves y cómo enfrentas el día.

Y aunque no siempre se puede tener una rutina perfecta, sí se pueden hacer pequeños cambios:

  • Intentar acostarte a la misma hora
  • Reducir pantallas antes de dormir
  • Crear un ambiente más tranquilo en tu pieza
  • Escuchar a tu cuerpo cuando pide descanso

El equilibrio es la clave

Si hay algo que deja claro la evidencia es que no existen soluciones mágicas. Ni dormir cinco horas ni dormir doce es la respuesta. El equilibrio, la constancia y la calidad del sueño son los verdaderos protagonistas. Porque al final, dormir bien no es un premio. Es parte de vivir mejor.

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