La histórica marca inicia una nueva etapa apostando por la confección en Chile, nuevas siluetas y jeans pensados para la vida real. Recorrimos la planta donde nacen sus colecciones y probamos algunos de sus diseños.
Durante años, Katto fue una de esas marcas que muchas mujeres asociaban inmediatamente a un tipo de jeans: el pitillo. Sin embargo, basta mirar cualquier calle de Santiago para entender que la moda —y las mujeres— han cambiado. Hoy el denim ya no responde a una única silueta ni a una sola forma de vestir. La comodidad, la versatilidad y el calce se han transformado en prioridades tan importantes como el diseño.
Esa evolución es precisamente la que está marcando el nuevo capítulo de Katto, una marca que, después de décadas ligada al universo del denim, decidió replantear su propuesta para responder a una consumidora que busca mucho más que una tendencia pasajera.

La historia tiene un punto de inflexión claro. La pandemia obligó a muchas empresas de moda a revisar sus procesos productivos, y Katto no fue la excepción. Lo que comenzó como una necesidad terminó convirtiéndose en una oportunidad para fortalecer la confección en Chile, acercarse nuevamente a cada etapa del desarrollo de producto y construir una propuesta mucho más conectada con la realidad de las mujeres que usan sus prendas.
Y es justamente ahí donde esta historia se vuelve interesante.
Hace algunos días tuve la oportunidad de recorrer la planta donde hoy nacen sus colecciones. Más allá de la moda y las tendencias, la experiencia permite entender algo que muchas veces olvidamos cuando compramos ropa: detrás de un buen jeans existe un enorme trabajo de diseño, desarrollo y confección.
Ver dónde nacen los moldes, cómo se desarrollan las muestras y cómo se cortan las telas permite dimensionar el camino que recorre una prenda antes de llegar a una tienda. En un mercado dominado por la inmediatez, resulta refrescante descubrir que todavía existen procesos donde el conocimiento técnico y el trabajo humano siguen siendo fundamentales.
Lo que más me llamó la atención fue precisamente eso. Aunque se trata de una operación moderna, hay una dedicación especial en los detalles. En las revisiones, los ajustes y las decisiones que terminan definiendo el calce de una prenda. Es un trabajo silencioso que rara vez ve la consumidora final, pero que explica gran parte de la diferencia entre un jeans que simplemente se usa y uno que termina convirtiéndose en favorito.
Porque si hay algo que las mujeres sabemos, es que encontrar un buen jeans no siempre es fácil.




Podemos probar decenas de modelos hasta dar con uno que realmente funcione. Uno que acompañe el cuerpo en lugar de pelear con él. Uno que resulte cómodo durante todo el día y que además tenga la capacidad de adaptarse a distintas situaciones.
Esa búsqueda parece estar detrás de la nueva propuesta de Katto.
Sin abandonar completamente el pitillo que forma parte de su historia, la marca ha incorporado nuevas siluetas que responden mejor a los hábitos actuales. Modelos wide leg, cortes rectos, palazzo y diseños más relajados conviven hoy con sus clásicos, reflejando una realidad evidente: las mujeres ya no quieren que la ropa las obligue a adaptarse; esperan que sea la ropa la que se adapte a ellas.
La experiencia en primera persona
Y después de recorrer la fábrica, quedaba una prueba pendiente: usar los jeans.
Porque una cosa es escuchar sobre diseño, procesos y confección. Otra muy distinta es comprobar cómo funciona una prenda en la vida real.
Me traje algun modelo y, honestamente, entendí rápidamente el sentido de esta transformación.
Son jeans que responden bastante bien a lo que hoy buscamos muchas mujeres. Son cómodos, tienen estructura sin sentirse rígidos y, sobre todo, son increíblemente versátiles. Funcionan igual de bien con zapatillas y una camisa para un día de reuniones o trámites, que con un blazer, accesorios y unos zapatos más elegantes para una salida después de la oficina.
Esa capacidad de transformarse es probablemente uno de sus mayores atributos. Porque si algo valoramos hoy es que una prenda pueda acompañarnos durante distintas horas del día sin perder vigencia ni estilo.
Más allá de las tendencias, la nueva etapa de Katto parece entender algo esencial: el denim sigue siendo una de las prendas más importantes dentro del clóset femenino, pero las expectativas han cambiado. Ya no basta con que un jeans se vea bien. También debe sentirse bien, durar en el tiempo y adaptarse a una vida que se mueve cada vez más rápido.
Por eso, más que un simple rebranding, lo que presenta Katto es una evolución que combina experiencia, confección local y una mirada mucho más cercana a las necesidades reales de sus consumidoras.
Después de recorrer el lugar donde nacen sus colecciones y de probar personalmente algunos de sus diseños, queda la sensación de que esta transformación va más allá de una nueva campaña o una nueva colección.
Tiene que ver con volver a poner el foco en lo que realmente importa.
Porque las tendencias cambian temporada tras temporada. Pero un buen jeans, de esos que quedan bien, acompañan durante años y resuelven gran parte del clóset, sigue siendo una de las mejores inversiones de moda que podemos hacer.



