En Chile el mate ya no es solo una moda pasajera. Es parte de reuniones, sobremesas largas, tardes de trabajo e incluso de pausas emocionales en medio del día. Pero hay una realidad que muchas veces queda fuera de la ronda: no todas las personas pueden tomarlo sin preocupaciones.
En el Mes de la Celiaquía, esa conversación se vuelve especialmente relevante.
Se estima que en Chile hasta 200 mil personas podrían vivir con celiaquía, una enfermedad autoinmune que provoca una reacción adversa al gluten, proteína presente en el trigo, la avena, la cebada y el centeno. El problema es que la mayoría de los casos no están diagnosticados: cerca del 70% de las personas no sabe que la tiene.
Y eso cambia completamente la forma en que nos relacionamos con la comida diaria.
Cuando comer deja de ser algo simple
Para quienes no viven con esta condición, puede parecer un detalle menor. Pero para una persona celíaca, cada decisión alimentaria requiere atención: ingredientes, marcas, procesos de elaboración y hasta el riesgo invisible de la contaminación cruzada.
Además, en Chile, los alimentos sin gluten pueden llegar a costar hasta tres veces más, lo que agrega una barrera económica importante a una condición que ya de por sí es compleja de manejar.
En este contexto, la inclusión alimentaria deja de ser un concepto abstracto y se vuelve algo cotidiano.
El mate como punto de encuentro… también para todos
En los últimos años, el consumo de mate en Chile ha crecido con fuerza, especialmente entre mujeres jóvenes y adultas que lo incorporan en rutinas laborales, estudios o momentos de relajo.
Pero lo que no siempre se considera es que, como cualquier producto alimenticio, no todos los mates del mercado están pensados para personas con celiaquía.
Ahí es donde algunas marcas han comenzado a marcar una diferencia.
“Nos cebamos todos”: una ronda más inclusiva
En este escenario, CBSé ha reforzado su compromiso con la comunidad celíaca al desarrollar toda su línea de productos como 100% libre de gluten, una condición que mantiene hace más de una década.
El objetivo es simple, pero potente: que nadie quede fuera de la ronda matera.
“Trabajamos con estrictos controles de calidad y buenas prácticas de manufactura para evitar la contaminación cruzada con gluten en cada etapa del proceso productivo”, explica Brian Taboada, gerente de calidad de CBSé.
Y agrega un punto clave: “Para nosotros, ofrecer productos aptos para celíacos no es una moda, sino parte de nuestro ADN y del compromiso con la salud de los consumidores de mate, que son cada vez más fanáticos”.
La marca incluso ha buscado ampliar la experiencia del mate hacia nuevos sabores, con propuestas como su edición limitada que incorpora combinaciones poco tradicionales como Chocolate Dubái o Mango Picante, siempre manteniendo la condición libre de gluten.
Más que un producto: una forma de incluir
El mate tiene algo muy particular: no es solo una bebida, es un gesto social. Se comparte, se ofrece, se rechaza y se vuelve a ofrecer. Es conversación, pausa y compañía.
Por eso, cuando una persona no puede participar por restricciones alimentarias, la exclusión no es solo nutricional, también es social.
En ese sentido, iniciativas que aseguran seguridad alimentaria ayudan a algo más profundo: que nadie quede fuera del momento compartido.
El lema de la marca lo resume de forma directa: “Con CBSé nos cebamos todos”.
El Mes de la Celiaquía: visibilizar lo invisible
Mayo se ha establecido como el Mes de la Celiaquía, una fecha que busca informar, educar y poner sobre la mesa una condición que muchas veces pasa desapercibida.
Porque el diagnóstico no siempre llega rápido. Muchas personas conviven con síntomas durante años sin saber la causa, lo que retrasa cambios importantes en la alimentación y el bienestar general.
La visibilización, en este sentido, es clave: mientras más se habla del tema, más fácil es detectar, acompañar y adaptar hábitos.
Una conversación que también es cultural
Hablar de celiaquía no es solo hablar de salud. También es hablar de cultura alimentaria.
En países como Chile, donde el pan, las masas y los productos con gluten forman parte del día a día, adaptar la dieta puede sentirse como un cambio radical. Y por eso, cada alternativa segura suma.
El crecimiento de productos libres de gluten no solo responde a una necesidad médica, sino también a una transformación en la forma en que comemos y compartimos.
Inclusión real: lo que falta y lo que avanza
Aunque hoy existe mayor conciencia, aún queda camino por recorrer. Desde etiquetas más claras hasta mayor oferta accesible, la inclusión alimentaria sigue siendo un desafío.
Pero iniciativas como las de CBSé muestran que es posible ampliar espacios sin perder identidad cultural. En este caso, el mate sigue siendo mate, pero con una condición clave: que nadie quede fuera.
Cerrar la ronda
En una mesa, una tarde o una pausa en la oficina, el mate sigue siendo una excusa perfecta para encontrarse.
Y si algo deja claro este Mes de la Celiaquía, es que la inclusión también se construye en esos pequeños gestos cotidianos: elegir mejor, informar más y compartir sin excluir.
Porque al final, más que una bebida, el mate es una ronda. Y la idea es simple: que sea para todos.



