En Chile, y especialmente en ciudades como Santiago donde el ritmo diario es intenso, el posparto suele vivirse como una mezcla de amor absoluto y agotamiento extremo.
Es un periodo donde todo cambia al mismo tiempo: el cuerpo, el sueño, la rutina, la identidad y la forma de relacionarse con el entorno. Y aunque socialmente se espera que sea una etapa feliz, la experiencia real es mucho más compleja.
De hecho, el Termómetro de la Salud Mental de la ACHS junto al Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la UC ha evidenciado que las mujeres presentan mayores niveles de malestar psicológico que los hombres, especialmente en etapas de alta carga de cuidado.
A esto se suma una cifra que no se puede ignorar: 1 de cada 5 mujeres en Chile presenta síntomas de depresión posparto, según el Ministerio de Salud.
No es solo un ajuste emocional. Es un desafío de salud mental que muchas veces se vive en silencio.
“Nace una mamá”: cambiar el foco de la conversación
En ese contexto surge la idea de “Nace una mamá”, un llamado a mirar el posparto desde una perspectiva más completa: no solo el bebé como protagonista, sino también la mujer que atraviesa una transformación profunda.
Porque mientras todos miran al recién nacido, muchas madres están intentando reconstruirse entre el cansancio, las hormonas, las expectativas y la falta de descanso real.
La matrona y especialista en lactancia María Sofía Castro lo explica de forma simple: el posparto es un periodo de alta exigencia física y emocional, donde muchas mujeres postergan su propia salud para responder a lo que ocurre alrededor.
“Cuando preguntamos ‘¿cómo estás tú?’ con genuino interés, estamos validando a una mujer que está descubriendo una nueva versión de sí misma”, señala.
Y ese gesto, aunque pequeño, cambia mucho más de lo que parece.
La “aldea” que cría… y la que también falta
Existe un dicho muy repetido: “para criar a un niño se necesita una aldea”. Pero la pregunta es inevitable: ¿esa aldea está realmente presente hoy?
En muchos casos, la respuesta es parcial. Hay apoyo, sí, pero muchas veces no de forma activa o constante. Y eso hace toda la diferencia.
Un estudio de la Universidad de los Andes sobre coparentalidad muestra que la carga mental de la crianza sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, lo que explica por qué el autocuidado desaparece tan rápido en el posparto.
Y es justamente ahí donde el acompañamiento real se vuelve clave.
En esa línea, la iniciativa de Philips Avent —basada en su estudio global que consultó a 12.000 madres en 8 países— propone que el apoyo pase de la intención a la acción proactiva, sin esperar a que la madre, ya agotada, deba solicitar ayuda.
La idea es simple, pero potente: no esperar a que la madre pida ayuda, sino anticiparse a lo que necesita.
Ayudar sin que se tenga que pedir
Muchas madres no piden apoyo, no porque no lo necesiten, sino porque están demasiado ocupadas sosteniendo todo lo demás.
Por eso, el cambio no está solo en la intención, sino en el gesto concreto: cocinar, acompañar una noche difícil, cuidar al bebé un rato o simplemente estar presente sin juicio.
El posparto no necesita discursos perfectos. Necesita redes reales.
El bienestar de la madre también importa
Durante años, la conversación sobre maternidad ha estado centrada en el bebé. Y aunque eso es natural, hoy hay una conversación que se vuelve urgente: el bienestar del bebé depende directamente del bienestar de la madre.
Cuando la mujer está contenida, acompañada y emocionalmente estable, la experiencia de crianza cambia por completo.
No se trata de idealizar la maternidad. Se trata de hacerla más humana.
Más allá de la celebración
Mayo suele ser un mes lleno de homenajes a las madres. Regalos, flores, mensajes emotivos.
Pero “Nace una mamá” invita a ir un paso más allá: mirar la maternidad no solo como celebración, sino también como proceso, desgaste, adaptación y transformación.
Porque el posparto no termina cuando nace el bebé. Empieza una nueva etapa donde también hay una mujer que necesita ser vista.
Cuidar a quien cuida
Hablar de “nace una mamá” es cambiar el enfoque. Es entender que la maternidad no es solo biológica, sino también emocional, social y mental.
Es reconocer que detrás de cada recién nacido hay una mujer en reconstrucción, aprendiendo a habitar un nuevo rol mientras intenta no perderse a sí misma en el camino.
Y que cuando esa mujer está acompañada de verdad, no solo gana ella. Gana toda la familia.



