Hay viñas que cambian una etiqueta y otras que aprovechan ese gesto para contar una historia mucho más grande. Eso es justamente lo que está ocurriendo con Viña Aquitania, una de las bodegas franco-chilenas más reconocidas del país, que después de 36 años inicia una nueva etapa de la mano de su segunda generación, renovando la imagen de sus principales líneas de vino y reforzando un relato que pone el foco en el origen, la calidad y un consumidor que hoy elige distinto.
Porque si algo ha cambiado en el mundo del vino es precisamente eso. Hoy no se trata de beber más, sino de beber mejor. Las nuevas generaciones buscan productos con identidad, saben de dónde vienen, valoran la historia detrás de una botella y quieren experiencias que vayan más allá de la copa. Y Aquitania entendió que era el momento de actualizar su imagen sin perder la esencia que la ha acompañado desde sus inicios.
Una evolución más que un cambio
La renovación visual no significa partir desde cero. Al contrario, busca hacer más visible una identidad que la viña ha construido durante más de tres décadas.
El cambio más evidente está en la línea Aquitania, cuya nueva etiqueta destaca la letra “A” como protagonista. Más que un elemento gráfico, se transforma en la puerta de entrada a la marca y en un símbolo que resume los valores que han definido a la viña desde sus comienzos: equilibrio, elegancia, origen y consistencia.
“Más que cambiar lo que somos, buscamos expresarlo mejor. Queremos una marca más clara, consistente y reconocible, que nos permita conectar con nuevos consumidores sin perder el vínculo con quienes nos han acompañado durante años”, explica Eduardo de Solminihac, gerente general de Viña Aquitania y representante de esta nueva generación que hoy lidera el proyecto.
La renovación también alcanza a sus etiquetas Lazuli y SOLdeSOL, aunque de forma mucho más sutil. En ambos casos se trata de una actualización estética que mantiene intacto el prestigio de dos líneas que durante años han sido reconocidas por la crítica especializada, obteniendo puntajes de entre 95 y 97 puntos en guías como Descorchados, Tim Atkin y La CAV.
Un legado que continúa en manos de la segunda generación
La historia de Aquitania comenzó hace 36 años bajo la visión de tres referentes del vino: Bruno Prats, del histórico Château Cos d’Estournel; Paul Pontallier, recordado director de Château Margaux; y el enólogo chileno Felipe de Solminihac.
Durante más de tres décadas, el proyecto se consolidó como una de las viñas boutique más prestigiosas del país, siempre apostando por producciones cuidadas, mínima intervención y vinos donde el territorio fuera el verdadero protagonista.
Hoy esa filosofía continúa, pero bajo la conducción de Eduardo de Solminihac y Florent Prats, quienes buscan proyectar la marca hacia nuevos consumidores sin perder el sello que la ha convertido en un referente.
La apuesta responde también a un escenario donde el mercado del vino ha evolucionado. El consumidor actual quiere entender qué está comprando, conocer el origen de cada botella y conectar con proyectos auténticos.
Dos terroirs que cuentan una misma historia
Uno de los mayores atributos de Viña Aquitania es que su identidad se construye sobre dos territorios completamente distintos, pero complementarios.
Por una parte está el Valle del Malleco, donde la viña fue pionera a comienzos de los años noventa, cuando prácticamente nadie apostaba por elaborar vinos en el extremo sur de Chile.
Su trabajo fue tan relevante que contribuyó a impulsar la creación de la Denominación de Origen Valle del Malleco en 2002, posicionando esta zona como una de las grandes promesas para los vinos de clima frío.
Hoy ese territorio continúa entregando vinos de gran frescura, elegancia y carácter, demostrando que las decisiones tomadas hace más de treinta años estaban adelantadas a su tiempo.
El viñedo urbano que pocos conocen en Santiago
Pero si hay un lugar que llama especialmente la atención es Peñalolén.
En plena Región Metropolitana, rodeado por la ciudad, Viña Aquitania mantiene un viñedo de alta gama que rompe con la imagen tradicional de la industria vitivinícola chilena.
La combinación de amplitud térmica, buena ventilación y características del suelo permite obtener uvas de excelente calidad, capaces de producir vinos con una marcada identidad territorial.
“El viñedo de Peñalolén es único, tanto por su ubicación en un entorno urbano como por las condiciones naturales que permiten una maduración óptima de la uva, logrando vinos con identidad y equilibrio”, señala Felipe de Solminihac, director enológico y socio fundador.
José Manuel Peralta, enólogo de la viña, resume la filosofía del proyecto con una idea simple: “Trabajamos con dos terroirs que comparten una misma lógica: vinos con identidad, que no se pueden replicar en otro lugar”.
Un panorama distinto para descubrir el vino en Santiago
Uno de los aspectos más interesantes de esta nueva etapa es el impulso que Aquitania quiere dar a su propuesta enoturística.
Mientras muchas experiencias ligadas al vino obligan a salir de Santiago, aquí basta con trasladarse hasta Peñalolén para recorrer un viñedo de alta gama, conocer el proceso de elaboración y entender cómo el entorno influye directamente en cada botella.
El aumento sostenido de visitantes demuestra que existe interés por vivir este tipo de experiencias, especialmente entre quienes buscan panoramas diferentes dentro de la ciudad.
A ello se suma el compromiso de la viña con la sustentabilidad. Su viñedo en Peñalolén cuenta con certificación orgánica y trabaja bajo prácticas agrícolas orientadas a preservar el equilibrio del ecosistema. En paralelo, la empresa ha realizado inversiones en el Valle del Malleco para fortalecer sistemas de riego y control de heladas, preparándose para enfrentar los desafíos que impone el cambio climático.
Una apuesta mirando al futuro
La nueva imagen es solo una parte de una estrategia más amplia. Viña Aquitania busca fortalecer su presencia en el mercado chileno, especialmente en restaurantes de alta gastronomía, mientras continúa consolidando mercados internacionales como Brasil, China y Japón.
El objetivo es ambicioso: crecer cerca de un 20% durante este año, respaldados por una marca más reconocible y por un consumidor que hoy valora la autenticidad tanto como la calidad.
Después de 36 años, Aquitania demuestra que evolucionar no significa dejar atrás la historia. Al contrario, significa encontrar nuevas formas de contarla. Y en este caso, esa historia sigue escribiéndose desde dos terroirs únicos: el histórico Valle del Malleco y un viñedo escondido a los pies de la cordillera, en pleno Santiago, que confirma que los grandes vinos también pueden nacer en medio de la ciudad.



